Las becas del franquismo fueron excelentes porque no eran ayudas sociales, sino una inversión nacional en futuros especialistas
NotMid 17/11/2025
OPINIÓN
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS
La semana pasada, en una de esas intervenciones de Bolaños contra Cayetana en las que parece el hermano seminarista de Pablo Iglesias, con ese gesto de rencor libidinoso en que se adivina: “La azotaría hasta sangrar”, dijo que ella echaba en falta la época, refiriéndose a la de Franco, en la que se perseguía al que pensaba distinto y “no había becas”. Lo mismo han dicho la sutil Diana Morant y la valiosa Pili Halal, que ha prohibido el cerdo en las aulas de Ceuta. Bolaños le reprocha a Cayetana la “cuna”. Ser doctora cum laude en Historia por Oxford, con John Elliott, no se logra por cuna sino por talento. No llega al doctorado cum fraude de Sánchez, pero perdónala, Bolaños.
Y ya que insisten en hablar del franquismo, hablemos. Su política de becas fue lo mejor que hizo en los años que duró. Y lo sé porque yo fui en los 60 uno de los cientos de miles de niños que, sin medios económicos, se beneficiaron de ese sistema que el PSOE niega que existió. En los términos de clase social que finge Bolaños y que en mi caso son ciertos: yo era un hijo de un zapatero y una maestra de un pueblo de Teruel que a los 10 años bajó a la capital a examinarse para las becas del PIO, Patronato de Igualdad de Oportunidades, el de “que ninguna inteligencia se pierda por falta de medios”. Y como yo, cientos de niños y niñas, sin discriminación alguna, de toda la provincia. Los exámenes eran duros, pero, de ganar la beca, la conservabas año tras año, con media de 7. Cumplí los 11 años interno en un colegio del Frente de Juventudes, el único de la provincia, terminé el Bachiller superior y el Preu en el añorado San Pablo, y lloviera o nevara íbamos a pie a clase, al Instituto “Ibáñez Martín”. Todo público y de calidad. Nunca perdí la beca, casi nadie lo hizo. Hoy, dejar un pueblo, estudiar duramente, pero con los gastos pagados, y salir adelante, hijo de tus padres y tu esfuerzo, es inimaginable. En el franquismo fue posible.
Un socialista de carril o de carné diría: ¿y los que no sacaban media de 7? Perdían la beca, también había para Formación Profesional y Magisterio, y buscaban otra cosa. Pero estudiar era, es y será siempre aprender cosas y sabérselas bien. Aquellos títulos oficiales de Bachillerato valían más que los de colegios privados, como las oposiciones, sin cuotas ni cotos. Las becas del franquismo fueron excelentes porque no eran ayudas sociales, sino una inversión nacional en futuros especialistas. Eran otra sociedad y otros valores, pero yo estoy orgulloso de haber sido becario en el franquismo. Ser del PSOE de Sánchez y Bolaños, sí que me daría vergüenza.
