NotMid 08/03/2026
MUNDO
La imagen es casi cinematográfica: el príncipe heredero Mohamed bin Salman (MBS), el hombre fuerte de Riad, celebrando con un gesto contenido la noticia de que su mayor antagonista, el gran ayatolá Ali Jameneí, ha sido abatido. No es para menos. En 2017, MBS ya había marcado la hoja de ruta al calificar al líder iraní como el “nuevo Hitler” de la región. Hoy, entre el humo de los ataques israelíes y estadounidenses, ese vaticinio parece haber alcanzado su clímax bélico.
El doble juego del “Reino del Desierto”
Aunque el acercamiento diplomático de 2023 sugería un deshielo, los hechos recientes desvelan un calculado doble juego. Mientras en público Riad abogaba por la “desescalada”, entre bambalinas la maquinaria diplomática saudí —liderada por Jalid bin Salman, ministro de Defensa y hermano del heredero— presionaba a la administración Trump para actuar con contundencia.
- La advertencia: En reuniones con think tanks y el entorno de la Casa Blanca, Riad fue clara: si no se aplastaba a Teherán ahora, el régimen saldría “envalentonado”.
- La fachada: Hasta el inicio de la operación “Furia Épica”, Arabia Saudí mantuvo el relato de que no cedería su espacio aéreo para ataques, una promesa que la realidad de los misiles parece haber desmentido.
Una encrucijada de cristal
Para MBS, la caída de Irán es la oportunidad histórica de eliminar la competencia por la hegemonía del Golfo. Sin embargo, el “animal herido” que es hoy la República Islámica ya ha comenzado a morder:
- Ataques a infraestructura: La refinería de Ras Tanura (Saudi Aramco) tuvo que suspender operaciones tras recibir impactos esta semana.
- La “quinta columna”: Con un 15% de población chií sojuzgada dentro de sus fronteras y un Bahrein al borde del levantamiento, el riesgo de una insurgencia interna es real.
- El factor religioso: Al ser los custodios de los lugares santos, cualquier colaboración con Israel es vista por sectores de la umma (comunidad musulmana) como una traición imperdonable.

Bin Salman y Trump, en el Despacho Oval, en noviembre. AFP
La carrera nuclear y el factor Trump
El apoyo saudí a la ofensiva no es gratuito. Documentos del Congreso de EE. UU. de este 2026 confirman que Riad está logrando lo que Biden le negó: tecnología para enriquecer uranio. Bajo el paraguas de Trump, MBS ha avanzado en un programa nuclear civil sin la condición previa de normalizar relaciones con Israel. Además, el Acuerdo de Defensa Mutua con Pakistán sirve como seguro de vida: Riad garantiza petróleo; Islamabad pone el “paraguas atómico”.

Vista general de la planta de producción de petróleo de Ras Tannura, en Arabia Saudí, atacada esta semana / AFP
¿Hegemonía o bumerán?
MBS necesita una victoria geopolítica desesperadamente. Su ambicioso proyecto Saudi Vision 2030 enfrenta dudas sobre su viabilidad financiera y el déficit fiscal crece al ritmo de los tambores de guerra.
El príncipe ha demostrado ser un reformista audaz y, a la vez, un autócrata despiadado. Pero el tablero de Oriente Próximo es traicionero: ver cómo un líder vecino es eliminado con tanta facilidad por las potencias occidentales debería ser, para cualquier monarca absoluto, una lección de humildad… o una advertencia de que en el ajedrez global, las piezas más poderosas son también las más expuestas.
Agencias
