Mientras la Comisión Europea endurece su estrategia para reducir la dependencia de Pekín, los líderes más influyentes del bloque hacen fila para visitar al presidente Xi Jinping. El objetivo: equilibrar unas relaciones comerciales cada vez más tensas y regresar a casa con acuerdos de inversión cruciales.
NotMid 04/12/2025
ASIA
El camino hacia Pekín lo abrió el presidente español Pedro Sánchez, que ha logrado reunirse con el gigante asiático en tres ocasiones en los últimos dos años. Esta semana, la atención se centra en Emmanuel Macron. A principios del próximo año, está prevista la visita del canciller alemán, Friedrich Merz, y desde el Reino Unido, se trabaja para organizar un viaje oficial del primer ministro Keir Starmer en enero.
El pasado jueves, Xi Jinping desplegó la alfombra roja para la visita de Estado de Macron. El líder chino tuvo un gesto significativo que no ha ofrecido a otros dirigentes europeos: lo acompañó a un viaje fuera de la capital, hasta Chengdu, en el oeste del país. Este privilegio subraya la importancia estratégica que China otorga a la relación con Francia.
Macron aterrizó en Pekín acompañado de su esposa, Brigitte, y una delegación de más de 80 personas, incluidos varios ministros y casi 40 directores ejecutivos de grandes empresas francesas. La composición de la comitiva es inequívoca: el marcado carácter económico de la visita busca contrarrestar el enorme déficit comercial de Francia con China, que alcanzó los 47.000 millones de euros en 2024.
Negocios y Deber Geopolítico
El presidente francés busca atraer nuevas inversiones de compañías chinas y facilitar el acceso de las exportaciones francesas al vasto mercado asiático. En este marco, firmó varios acuerdos en sectores clave como la energía, la industria alimentaria y la aviación.
“Nos enfrentamos al riesgo de la desintegración del orden internacional que trajo paz al mundo durante décadas, y en este contexto, el diálogo entre China y Francia es más esencial que nunca“, afirmó Macron.
La respuesta de Xi, según los medios estatales, fue un llamado a que China y Francia “demuestren su responsabilidad, defiendan la bandera del multilateralismo y se mantengan firmemente en el lado correcto de la historia”. Macron, por su parte, aseguró que, a pesar de los desencuentros, ambos tienen la responsabilidad de “encontrar mecanismos de cooperación para resolver las diferencias”.
Más allá de la agenda económica, Macron aprovechó el encuentro para abordar el desafío geopolítico más urgente: solicitarle directamente a Xi que utilice la influencia de China sobre Rusia para presionar a Vladimir Putin hacia un alto el fuego en Ucrania y allanar el camino a negociaciones de paz creíbles. Pekín no ha vacilado en su apoyo a la ofensiva bélica, y existen informes que apuntan a que el Gobierno de Xi continúa suministrando piezas para drones que otorgan a Moscú una ventaja en el campo de batalla.
El Dilema de Bruselas: Protegerse sin Romper
Las visitas de los líderes a Pekín se producen en un contexto de creciente tensión en Bruselas. Un día antes del encuentro de Macron, la Comisión Europea presentó dos propuestas para reducir el riesgo (o de-risking) de sus vínculos con China.
Estas propuestas incluyen el desarrollo de “armas comerciales” para contratacar ante la “coerción” económica y una estrategia para poner fin a la dependencia de China en el suministro de tierras raras. La Comisión anunció que recurriría a políticas económicas más estrictas para reforzar la seguridad del suministro de estos materiales cruciales, anunciando un fondo estratégico de casi 3.000 millones de euros para impulsar proyectos en minería, refinado y reciclaje.
En este complejo escenario, el debate en Europa gira en torno a cómo equilibrar la necesidad de proteger su autonomía estratégica sin renunciar al acceso al mercado chino, que sigue siendo indispensable para muchas industrias. Las tensiones internas dentro de la UE —entre quienes abogan por una línea dura y quienes prefieren una aproximación más pragmática, como España— añaden complejidad a una relación ya de por sí delicada.
Para Pekín, estas visitas representan una oportunidad clave para mostrarse como un socio confiable en medio de un clima internacional volátil. Su objetivo es claro: evitar que Europa, buscando proteger su economía, termine deslizándose por completo hacia la órbita geopolítica de Washington.
Agencias
