NotMid 17/01/2026
OPINIÓN NotMid
La tensión diplomática entre Copenhague y Washington ha alcanzado un punto de ruptura que amenaza con desestabilizar los cimientos de la Alianza Atlántica. Tras el colapso de las negociaciones en la capital estadounidense, el riesgo de una intervención unilateral de Donald Trump para anexionar Groenlandia ha pasado de ser una excentricidad política a una crisis de seguridad global.
Un fracaso diplomático sin precedentes
“Está claro que el presidente quiere conquistar Groenlandia”, declaró un visiblemente afectado Lars Løkke Rasmussen, jefe de la diplomacia danesa, tras un ríspido encuentro con el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado, Marco Rubio. Mientras Dinamarca subraya que la soberanía de la isla es una “línea roja” innegociable, la Casa Blanca mantiene un relato paralelo desafiante, afirmando que ambos países han acordado “mantener conversaciones técnicas sobre los términos de la adquisición”.
“Escudos humanos” europeos en el hielo
Ante la ineficacia de la retórica y los elogios, los líderes europeos han optado por una estrategia de hechos consumados: la disuasión física. En un movimiento sin precedentes, un contingente simbólico pero políticamente explosivo de tropas de Dinamarca, Francia, Alemania, Suecia, Noruega, Finlandia, Reino Unido y Países Bajos ha tomado posiciones en suelo groenlandés.
Aunque la misión se presenta oficialmente como un refuerzo contra la influencia rusa y china en el Ártico, el trasfondo es evidente: actuar como un “cortafuegos” ante Washington.
- La trampa legal: La misión opera fuera del paraguas formal de la OTAN para evitar el veto estadounidense.
- La respuesta de Trump: “La presencia de tropas extranjeras no altera el objetivo soberano del presidente”, afirmó la portavoz de la Casa Blanca, minimizando el despliegue.
El fin de la arquitectura de seguridad global
La gravedad del momento la resumió el polaco Donald Tusk, quien lanzó una advertencia sombría sobre las implicaciones de este choque:
“Un intento de apoderarse del territorio de un aliado por parte de otro miembro de la OTAN —especialmente si ese miembro es EE. UU.— supondría el fin del orden internacional tal como lo conocemos”.
