Si se nos está diciendo que nuestro país antepone los principios a los intereses, lo mínimo sería explicar qué intereses son esos
NotMid 05/03/2026
OPINIÓN
DAVID JIMÉNEZ TORRES
Sé que es pedir peras al olmo. Pero el incendio actual en las relaciones entre España y EEUU exigía un ejercicio de sinceridad y transparencia por parte de Pedro Sánchez; algo muy distinto a lo que supuso su comparecencia en la Moncloa. Porque nuestro país no necesita saber solamente en qué cree su Gobierno. Ahora necesita, sobre todo, saber qué nos pueden costar esas creencias.
En los últimos años, Sánchez parece haber dado por hecho que España se podía distanciar de importantes aliados en asuntos fundamentales -el gasto en Defensa, la cuestión palestina; ahora, el ataque a Irán- sin que hubiera consecuencias. Este cálculo parecía basarse en la aceptación de nuestra propia irrelevancia. España tenía el suficiente peso como para resultar irritante, pero no tanto como para que valiese la pena repudiarla o castigarla. El coste de oportunidad para nuestros intereses resultaba menos visible -y, por tanto, menos rentable en términos políticos- que meterse en una guerra de tuits con Elon Musk o celebrar el boicot a una carrera ciclista.
Ahora, Trump ha dado a entender que esto se acabó. Nuestros gestos ya no salen gratis. Sánchez ha respondido que los principios y la autonomía nacional deben defenderse incluso si esto conlleva represalias. Pero no concretó lo más importante: ¿qué represalias, exactamente, está dispuesto a aceptar? No tiene sentido que este debate se mantenga en un plano abstracto. Si se nos está diciendo que nuestro país antepone los principios a los intereses, lo mínimo sería explicar qué intereses son esos. Qué compañías, qué sectores, cuántos ingresos, cuántos puestos de trabajo, cuántas prioridades estratégicas ha calculado el Gobierno que suponen un daño colateral asumible.
Puede que muchos ciudadanos acepten y hasta apoyen la postura del Gobierno. Es posible incluso que muchos de ellos no sean votantes de Sánchez, y que den por hecho que su actitud es interesada y electoralista. Se pueden pasar por alto los motivos por los que se defiende una postura, siempre que esa postura sea defendible en sí misma. Lo que no tiene sentido es hurtar una información necesaria para que nos podamos posicionar en este debate. Sánchez dice que España está dispuesta a pagar el precio de mantener ciertos principios. Pero ¿podría decirnos qué precio es ese?
