Que Delcy Rodríguez sea reconocida por la administración Trump como la representante legal de Venezuela en litigios estadounidenses no debería sorprender a nadie.
NotMid 12/03/2026
OPINIÓN NotMid
Ciertamente, no es una noticia digerible. Desde enero hemos tenido que “tragar sapos” —como dicen en el argot político— y es muy probable que el menú todavía guarde varios platos amargos en este complejo tránsito hacia la transición. Sin embargo, la movida es estrictamente pragmática. Tras la reanudación de relaciones diplomáticas y los anuncios económicos enmarcados en las “tres fases” del secretario Rubio, este paso era el siguiente en el tablero.
El papel de la ejecutora
Al final del día, el realismo político se impone: es Delcy quien debe ejecutar el plan, dar la cara y asumir la responsabilidad ante los inversionistas que planean arriesgar su capital en suelo venezolano. Ella es la interlocutora operativa, pero que nadie se confunda: el reconocimiento no es un cheque en blanco.
La “letra pequeña” del acuerdo
Como en todo contrato de alto riesgo, “ciertas condiciones aplican”. Las salvedades del anuncio sugieren un estricto tutelaje. Se trata de un carril estrecho por el que la vicepresidenta deberá transitar sin distracciones, bajo la mirada vigilante de Washington.
Lo verdaderamente irónico es que los únicos sorprendidos parecen ser la facción Maduro-Flores. Este es un nuevo zarpazo político de los “hermanos siniestros” (los Rodríguez), quienes han desplazado la defensa del actual mandatario, dejándolo prácticamente desarmado frente a su proceso judicial en Nueva York.
“Quieren dividirnos”, sentenció Diosdado ayer con tono de alarma.
La pregunta queda en el aire: ¿Se refería a la presión de Trump, o al avance silencioso de sus propios aliados en Miraflores?
