NotMid 10/04/2026
MUNDO
En un giro diplomático de alto impacto, los negociadores de Estados Unidos e Irán se citarán mañana en Pakistán para intentar trazar una hoja de ruta que ponga fin a la guerra en Medio Oriente. El encuentro, mediado por el primer ministro paquistaní Shebbaz Sharif, pondrá frente a frente al vicepresidente estadounidense JD Vance y al titular del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf.
La delegación de Washington se completa con Steve Witkoff, enviado especial para la región, y Jared Kushner, figura clave en la órbita presidencial. Por su parte, Ghalibaf contará con el respaldo del canciller Abbas Araghchi.
Un abismo de exigencias
Pese al despliegue, el éxito de la misión es incierto. Tanto Donald Trump como el líder supremo Mojtaba Khamenei han fijado líneas rojas que parecen irreconciliables:
| Exigencias de EE. UU. (Trump) | Exigencias de Irán (Khamenei) |
| Fin total del programa nuclear y de misiles. | Reconocimiento al enriquecimiento de uranio. |
| Libre tránsito en el estrecho de Ormuz. | Control soberano de dicho estrecho. |
| Cese del apoyo a Hezbollah, Huties y Hamas. | Retiro de tropas de EE. UU. y garantías de no agresión. |
| Fin de la represión a la oposición interna. | Reparaciones económicas y fin de todas las sanciones. |
| Derogación de resoluciones de la ONU y la OIEA. |
El margen de maniobra de Trump
Fuentes cercanas al proceso sugieren que Trump podría mostrar flexibilidad en el levantamiento de sanciones y la derogación de ciertas resoluciones del Consejo de Seguridad como gesto de buena voluntad. Sin embargo, el presidente se mantiene inflexible en los pilares estratégicos: el control de Ormuz, la desnuclearización y el despliegue militar en la región.
Esta intransigencia no es solo ideológica, sino estratégica: responde a los intereses de aliados clave como la Liga Árabe e Israel. Para el gobierno de Netanyahu, detener la ofensiva contra Hezbollah y Hamas es, hoy, una línea roja innegociable.
Los protagonistas del diálogo
La figura de JD Vance aporta un matiz distinto; antes del conflicto, el hoy vicepresidente ya había expresado reparos sobre una escalada directa contra Teherán y mantiene distancias tácticas con Netanyahu. En la otra acera, Ghalibaf enfrenta la resistencia interna de la Guardia Revolucionaria, lo que vuelve su posición extremadamente frágil: si regresa de Islamabad sin concesiones, su capital político podría evaporarse.
15 días para 47 años de conflicto
Vance y Ghalibaf cuentan con una ventana de 15 días para destrabar una crisis que arrastra casi medio siglo de hostilidad. Aunque ambos han mantenido contactos secretos previos y confían en la mediación paquistaní, el peso de la historia y la rigidez de sus líderes máximos sugieren que el camino hacia la paz sigue siendo, en el mejor de los casos, una apuesta de alto riesgo.
Agencias
