NotMid 19/01/2026
EDITORIAL NotMid
La represión no es una medida de orden; es el dique que contiene el cambio histórico. Mientras ese muro permanezca intacto, cualquier intento de transición carecerá del impulso necesario para despegar.
Existe una narrativa peligrosa que afirma que «el cese de la represión sumiría al país en el caos». Es una falacia conveniente, diseñada para quienes subestiman las aspiraciones de la sociedad venezolana. La realidad es opuesta: Venezuela jamás será un país estable mientras los organismos de inteligencia sigan operando como brazos ejecutores de una cúpula política. La estabilidad no se construye con miedo, sino con justicia.
Por otro lado, resulta ilusorio el argumento de ciertos sectores del oficialismo que sugieren un giro geopolítico imposible: que Estados Unidos o la CIA heredarán la logística de control que hoy ejercen actores como Cuba, Irán o Rusia. Es un análisis que carece de rigor y sobra en cinismo.
La paciencia es necesaria, pero no debe confundirse con pasividad. Debemos tener claridad absoluta: hoy, una minoría ínfima sostiene un sistema que asfixia a la inmensa mayoría. El cambio no llegará por un colapso repentino, sino mediante el trabajo constante de socavar ese dique con inteligencia y estrategia.
Romper el muro de la opresión es una tarea compartida. Hoy, esa labor comienza con acciones concretas y humanas, como el apoyo incondicional a los familiares de los presos políticos. La solidaridad es, en sí misma, un acto de resistencia.
