NotMid 16/03/2026
EDITORIAL NotMid
En Venezuela, la Constitución de 1999 ha dejado de ser el marco de convivencia para convertirse en un rastro arqueológico. La historia de su desaplicación sistemática alcanzó su punto de quiebre definitivo el 3 de enero de 2026.
Hoy, el interinato opera bajo una paradoja peligrosa: reconoce que su mandato carece de asidero constitucional, pero se sostiene únicamente en el reconocimiento estratégico de Washington. Sin embargo, la geopolítica no sustituye a la legitimidad. Recobrar el orden republicano no será un acto espontáneo; requiere una hoja de ruta concertada que no solo busque votar, sino elegir.
Para que la transición sea real y no un simulacro, el país exige condiciones innegociables:
- Justicia e Institucionalidad: El nombramiento de un Fiscal General independiente y la designación de un árbitro electoral imparcial.
- Derechos Humanos: El cese inmediato de la persecución política, la liberación de los prisioneros de conciencia y el retorno de los exiliados.
- Garantías Democráticas: La actualización profunda del registro electoral y la devolución de las siglas partidistas a sus legítimas dirigencias.
Una elección por sí sola no es la solución definitiva, pero es el cimiento indispensable para la estabilidad y la recuperación económica. Mientras los mercaderes de turno intentan vender espejismos de normalidad, la realidad es tozuda: sin Constitución, no hay futuro sostenible.

