NotMid 16/03/2026
OPINIÓN NotMid
La amnistía es condicionada y el sabotaje es deliberado. Lo que el poder presenta como una “reconciliación” no es más que un ejercicio selectivo y excluyente que margina a la mayoría del país. Bajo el eufemismo del “nuevo momento político”, Delcy Rodríguez intenta simular una voluntad de apertura que Miraflores no posee, mientras mantiene intacto el andamiaje de la represión.
Desde Washington la consigna ha sido clara: se juzgarán hechos, no palabras.
Y los hechos hablan por sí solos. El régimen muestra una resistencia feroz a la liberalización política, contrastando con su pragmatismo en la apertura económica. Los “hermanos siniestros”, tan diligentes para entregar banderas ideológicas y concesiones petroleras, utilizan hoy todo tipo de artilugios para mantener a Venezuela bajo un “Tocorón político”, prolongando el terror que María Corina Machado ha denunciado con insistencia.
Nicolás Maduro creyó que podía “caribear” a la Casa Blanca. Intentó un juego de espejos: vuelos de deportación, ofertas petroleras y promesas de lucha antinarcóticos —el supuesto “win-win”— a cambio de la perpetuación en la usurpación. El “bailador” confió ciegamente en un pragmatismo transaccional de Donald Trump que nunca llegó a validarlo. El resultado de ese error de cálculo ya es historia conocida.
Ahora, es Delcy quien parece creer que tiene la situación bajo control, interpretando la reconciliación como un club privado donde solo entran quienes se someten. Sin embargo, como advierte el refranero: bueno es el cilantro, pero no tanto.
Envalentonada quizás por ciertos gestos diplomáticos, la vicepresidenta incurre en el mismo pecado de soberbia que su predecesor. Apuesta a que la inestabilidad en el Medio Oriente convertirá al crudo venezolano en una ficha de cambio irresistible. Pero en la geopolítica de la nueva administración estadounidense, dos más dos rara vez suma cuatro.
Contrario a lo que suponen en Caracas, la “viveza” y la crueldad de los Rodríguez podrían terminar acelerando los tiempos de la estrategia de Trump. Es evidente que la “nueva era” aludida por la embajadora Dogu no puede cimentarse sobre actos que nieguen la reconciliación exigida por el secretario Rubio.
La sabiduría popular no suele fallar: de “vivos” están llenos los cementerios políticos.

