NotMid 22/02/2026
OPINIÓN NotMid
Siempre me ha maravillado la capacidad patria para observar con detalle la paja en el ojo ajeno. Somos expertos en echarnos las manos a la cabeza —con razón— ante las filtraciones de un príncipe británico a las redes de Epstein o ante los desvaríos geopolíticos de Trump en Irán. Sin embargo, parecemos anestesiados ante la viga de siete toneladas que atraviesa nuestra propia realidad: el Koldogate.
Mientras la opinión pública se distrae con el ruido exterior, las exclusivas de Jorge Calabrés y David Vicente en este diario están removiendo los cimientos de nuestra democracia. Lo que se describe no es un simple caso de corrupción periférica; es una trama que coloca a Pedro Sánchez y su Gobierno al borde del precipicio ético. Pero aquí nadie se pone colorado. A ese nivel de estulticia hemos llegado. Juzguen ustedes mismos:
- El eje Moncloa-Dominicana: Tras acceder a los mensajes de Koldo García, resulta que la sede de la presidencia era el epicentro de una red de influencias que conectaba a la Organización Mundial del Turismo, Air Europa y la República Dominicana. En la cúspide, beneficiándose de la estructura, aparecen los nombres de Pedro Sánchez y Begoña Gómez, con comisionistas como Víctor de Aldama maniobrando incluso para obtener consulados honorarios.
- El “Nivel Dios”: Las conversaciones revelan una presión “insoportable” que alcanzaba un “nivel de Dios”. Es el propio Koldo quien usa ese apelativo para referirse a la urgencia que transmitía Sánchez ante el incumplimiento de lo pactado con los Hidalgo (Globalia). Un nivel de implicación en el rescate de la aerolínea que sugiere una esperanza de retorno nada institucional.
- El pecado original de las primarias: Lo que antes eran rumores, hoy son certezas en audio. El asalto de Sánchez al poder del PSOE estuvo dopado: votos falsos, actas alteradas y censos manipulados. Desde Navarra hasta Andalucía, la estructura de Koldo actuó como una maquinaria de ingeniería electoral interna para garantizar que el “líder” no tuviera rival.
- El “Expediente Bono”: Las ramificaciones alcanzan a la vieja guardia. José Bono aparece en los mensajes pidiendo favores urbanísticos para clientes en el Caribe y colocando a peones del partido en Ineco —la misma empresa pública que servía de agencia de colocación para las amistades íntimas de Ábalos—.
Esta serie promete ser larga y dolorosa. Dolorosa para un Gobierno que verá sus vergüenzas al desnudo y dolorosa para un ciudadano que descubrirá que las raíces de esta red son mucho más profundas de lo que imaginaba.
Pero la realidad es tozuda y el fango se extiende. Mientras el Ejecutivo intenta achicar agua, se le acumulan los frentes: el cese fulminante del DAO de la Policía por comportamientos inaceptables con sus subordinadas; la metamorfosis de Gabriel Rufián en un profeta del apocalipsis que ahora abraza el discurso de seguridad que antes despreciaba; y ese “efecto llamada” que, como revela Ángela Poves, ha abierto incluso una “ruta turca” gracias a las políticas de regularización de Sánchez.
No es de extrañar que las encuestas sitúen a la izquierda española en su peor posición en medio siglo. El problema es que, mientras el país se asoma al abismo, en Moncloa siguen consultando el espejo deformante del CIS de Tezanos. Allí, por supuesto, todo el mundo está libre de pecado.
