NotMid 24/02/2026
ASIA
ZHOUKOU – Hace una década, el complejo residencial de Henan Zhongao prometía la “vida china clásica”: rascacielos modernos, zonas verdes y acceso a las mejores escuelas. Hoy, esa promesa es un esqueleto de cemento. En China, estos proyectos tienen un nombre que huye de los eufemismos: lanweilou, o edificios de “cola podrida”. Son el símbolo de un país que empezó a construir el futuro y se quedó sin materiales a mitad de camino.
Vivir entre fantasmas
En el complejo de Henan Zhongao, el silencio es casi violento. “Soy de los que prefieren la tranquilidad, pero esto es demasiado”, bromea la Sra. Li, una de las pocas residentes “aguerridas” que se han mudado a un edificio rodeado de pisos vacíos, algunos incluso sin ventanas. La rutina es desoladora: debido a la oscuridad de las zonas comunes, el matrimonio Guo se avisa por teléfono cuando uno llega sano y salvo a casa.
Para muchos, la espera fue fatal. “Algunos compradores murieron antes de recibir las llaves”, lamenta Li. Los que quedan están atrapados en una propiedad que nadie quiere comprar y cuyo valor es imposible de calcular.
Una factura de 2,5 billones de dólares
El colapso no es una anécdota local, sino un trauma nacional. El modelo chino se basaba en la preventa: los promotores cobraban por casas antes de poner el primer ladrillo. Cuando el mercado implosionó hace cinco años, la financiación se evaporó.
- 20 millones: Propiedades prevendidas e inacabadas en 2023 (según Nomura).
- 17 billones de yuanes ($2,5 billones): El patrimonio familiar inmovilizado en estos proyectos.
- 10% del PIB: La magnitud del lastre que estas estructuras suponen para la economía china.
El plan del Gobierno: repartir el dolor
Pekín ha lanzado el programa baojiao lou o “entrega garantizada”. A través de una “lista blanca”, el Estado presiona a los bancos para que inyecten crédito y terminen las obras. Sin embargo, este rescate tiene un giro amargo para el ciudadano de a pie:
- Hogares devaluados: Muchos recibirán casas que valen un 50% menos de lo que pagaron hace años.
- Hipotecas irrenunciables: Si el edificio se termina, el comprador está obligado a pagar una deuda inflada por una casa que ya no es una inversión, sino una carga.
- Sin reembolsos: Parejas como Zhang Yiliang y Dong Lijun, famosas en redes por pedir la devolución de su dinero, han chocado contra la justicia. El régimen no puede permitirse que recuperen su inversión; si lo hicieran, millones exigirían lo mismo, quebrando el sistema.
“La gente común está asumiendo los costos. Es la única manera de hacerlo”, admite con crudeza un gestor en la oficina de reestructuración de Henan Zhongao.
Un ajuste de cuentas colectivo
En China ya no hay rescates para los promotores encarcelados ni para las familias desesperadas. La estrategia de las autoridades es diluir la pérdida entre toda la población y sofocar cualquier atisbo de protesta. Si en la época de bonanza todos parecían ganar, el invierno inmobiliario chino ha decretado que, en el lado negativo, el sacrificio debe ser compartido.
La “entrega garantizada” no es un acto de justicia, sino una maniobra de control de daños para evitar que los esqueletos de hormigón dejen de ser edificios y pasen a ser monumentos a la inestabilidad social.
Agencias
