NotMid 03/11/2026
Editorial NotMid
Luis Ratti no se pertenece a sí mismo. Ratti es, en rigor, un simple autómata: la marioneta de un poder que le dicta paso a paso qué hacer y hacia dónde apuntar.
Así como ejecutó la orden de pedir al TSJ la despojación de la nacionalidad a María Corina Machado, Edmundo González y otros dirigentes, hoy atiende con la misma disciplina una instrucción política dirigida en sentido contrario.
La diferencia entre el ayer y el hoy se resume en una fecha: el 3 de enero.
Ese «día D» no cambió el destino del peón, sino el de su jefe político y titiritero.
Un superior que hoy colabora con entusiasta docilidad con los Estados Unidos, pese a haber prometido en su momento convertir al país en un «Vietnam» si se daban los acontecimientos que finalmente ocurrieron.
Aprovechando este repentino afán de cooperación, el jefe de Ratti debería atender la exigencia expresa planteada por el secretario Rubio: liberar de inmediato a los presos políticos.
Se trata de un reclamo urgente y de elemental justicia para los más de 300 venezolanos secuestrados por el régimen; algunos de ellos, bajo la sombra de la desaparición forzada.
Es el caso del submarinista Hugo Marino Salas, cuya madre, Beatriz Salas, clama por respuestas desde 2019.
¿Dónde está Hugo Marino? La pelota sigue en la cancha de los verdugos.

