NotMid 15/10/2026
Editorial NotMid
Durante años, cada sanción dictada por Estados Unidos era exhibida por el chavismo como una medalla al mérito. Un reconocimiento que se recibía con orgullo en nombre de la «lealtad revolucionaria». Nicolás Maduro, para rematar el gesto, organizaba actos de desagravio donde premiaba la abyección repartiendo réplicas de espadas y sables.
En 2018, Jorge Rodríguez entró en las listas de la OFAC junto a su hermana Delcy y la propia Cilia Flores.
Hoy el tablero es distinto: mientras los hermanos Rodríguez han quedado libres de restricciones, para Cilia y Maduro comienza un calvario judicial.
La lectura formal de los nuevos cargos en su contra no es un trámite más; en la práctica, equivale a una condena a cadena perpetua.
Atrás quedó la época en que estar sancionado era motivo de honra y no estarlo, causa de sospecha.
De aquel viejo orgullo revolucionario ya no queda ni la sombra.
Es el «nuevo momento» del régimen y, definitivamente, aún queda mucha agua por correr bajo este puente.

