NotMid 06/11/2026
ESPAÑA
Estamos a las puertas del fin de semana y a solo 23 días de las elecciones generales. Quién este verano se postulaba como el sucesor de Pedro Sánchez al frente del PSOE ha dimitido como ministro y candidato apenas tres meses después.
En teoría, Óscar Puente ya no aspira a nada, aunque en política nunca hay nada definitivo.
Tras resistir seis días buscando responsabilidades ajenas por el accidente de Urda, su posición se volvió insostenible. Explicaciones confusas y flagrantes contradicciones dinamitaron su continuidad, agravadas por el trágico balance de 115 fallecidos en dos siniestros de alta velocidad bajo su gestión.
El enorme impacto en la campaña electoral terminó por forzar la salida del que hasta hoy era el principal hombre de confianza del presidente —el último de una larga lista de manos derechas caídas en desgracia, como José Luis Ábalos o Santos Cerdán.
En realidad, la carrera política de Puente quedó vista para sentencia en el instante en que un AVE embistió a un Iryo en Toledo. Todo lo posterior no ha sido más que cálculo electoral e intentos de contención de daños. Muestra de ello ha sido la hiperbólica reacción del PSOE ante la dimisión de su principal perfil de choque, así como la rápida designación de su relevo: Carlos Cuerpo, la antítesis de Puente en el Consejo de Ministros.
Este viernes se reanuda la campaña electoral socialista con un Pedro Sánchez más aislado que nunca, pero dispuesto a dar la batalla hasta el final.

1. La caída de todos los hombres y mujeres del presidente
La dimisión de Óscar Puente supone el último caído de la máxima confianza de Pedro Sánchez, pero la lista es larga. Tanto, que ninguna de las personas que han ejercido como sus lugartenientes sigue hoy a su lado.
Aunque Sánchez ha cesado a numerosos ministros por razones diversas, las dimisiones formales para asumir responsabilidades políticas han sido una excepción. La de Puente es la primera desde la de Carmen Montón en septiembre de 2018, precedida únicamente por la de Máxim Huerta, el ministro más breve de la democracia española. De hecho, este Ejecutivo se ha caracterizado por su resistencia a la rendición de cuentas, manteniendo en activo a cargos imputados como la presidenta de la SEPI o la directora de la Guardia Civil.
Cabe preguntarse si Puente habría dimitido de no estar en plena campaña electoral. En contraste con la sequía previa, los periodos electorales resultan prolíficos en renuncias. Desde la convocatoria del 29-N ya han caído tres pesos pesados del sanchismo: la portavoz del PSOE, Montse Mínguez, acuciada por los negocios inmobiliarios de su pareja; el delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín, por discrepancias con el líder; y el propio ministro de Transportes.
El concepto de «mano derecha» ha sido flexible con Sánchez, quien las ha tenido tanto oficiales como oficiosas. Entre las primeras figuran vicepresidentas como Carmen Calvo, Nadia Calviño, Teresa Ribera o María Jesús Montero, y números dos del partido como Adriana Lastra o la propia Montero. Entre los segundos, sus fontaneros reales: José Luis Ábalos, Santos Cerdán y Paco Salazar. A efectos prácticos, la distinción es irrelevante: ni unos ni otros continúan hoy junto al secretario general.
La sombra de la corrupción ha erosionado especialmente al núcleo duro del partido, arrastrando a dos secretarios de Organización —Ábalos y Cerdán— e impactando en el expresidente Zapatero. Rescatado del ostracismo por un Sánchez necesitado de activos políticos, Zapatero ha quedado apartado en esta campaña a causa de las informaciones sobre sus negocios e intereses patrimoniales.
A estas alturas, los supervivientes son escasos y ninguno alcanza la condición de escudero. No lo son los actuales ministros de peso económico ni los tres titulares que resisten desde 2018 —Margarita Robles, Fernando Grande-Marlaska y Luis Planas, este último fuera de las listas—. El poder real ha quedado replegado en un segundo nivel a la espera de las urnas, concentrado principalmente en Félix Bolaños y Óscar López. Eso es todo lo que queda.

El accidente trunca el avance del PSOE
La publicación de la primera encuesta realizada íntegramente tras el accidente de Urda refleja con claridad el impacto del suceso en la intención de voto: de momento, la campaña socialista ha encajado un duro varapalos.
1. Descalabro socialista y ruptura de tendencia El PSOE ve frenada en seco su dinámica ascendente. La estrategia del «sí se puede» —marcada por un tono optimista y festivo— le estaba permitiendo estrechar distancias con el Partido Popular, pero el sondeo de Sigma Dos certifica una caída abrupta. Con un 24,6% de voto estimado —su peor dato en lo que va de legislatura—, los socialistas obtendrían 99 escaños, cayendo por primera vez por debajo del umbral psicológico de los 100 diputados.
2. Consolidación del bloque de la derecha El PP, por su parte, ha reorientado su mensaje priorizando la gestión sobre el efectismo visual. La maniobra le permite ganar medio punto y situarse en una horquilla centrada en los 138 escaños. Vox se consolida en cotas elevadas con un 19,3% del sufragio y 65 actas. La suma de ambas formaciones alcanzaría los 203 diputados, en un contexto en el que la disposición al entendimiento entre Feijóo y Abascal resulta evidente, con este último exhibiendo un perfil marcadamente institucional.
3. Elevada movilización y expectativa de cambio Un elemento clave del sondeo es la estimación de participación, que alcanza un 77,5%. El dato apunta a una sociedad fuertemente movilizada. De confirmarse en las urnas, la alianza de PP y Vox podría rebasar los 15 millones de votos, una cifra inédita que reflejaría la magnitud del deseo de cambio en el electorado.
4. Fragmentación en la izquierda y auge soberanista En el resto del tablero, el Frente Amplio mantiene sus apoyos, mientras que Podemos corre el riesgo de quedarse sin representación parlamentaria. Paralelamente, la izquierda soberanista e independentista capitaliza el trasvase de voto desencantado del PSOE en sus respectivos territorios, con incrementos notables de ERC en Cataluña, EH Bildu en el País Vasco, el BNG en Galicia y Adelante Andalucía.

Casi un millón de votos de la izquierda hacia la derecha
El trasvase de los 450.000 votos perdidos por el PSOE tras el accidente dibuja dos trayectorias claras: por un lado, la migración hacia las fuerzas soberanistas de su propio bloque; por el otro —y más gravoso para Pedro Sánchez—, la fuga directa hacia el Partido Popular y Vox.
1. El trasvase al centro-derecha y el voto «muro» El Partido Popular absorbe más de la mitad de las pérdidas socialistas registradas en la última semana, captando unos 245.000 sufragios. En sociología electoral se considera el movimiento más crítico para el PSOE: cruzar la frontera ideológica entre bloques implica una ruptura difícilmente reversible. En conjunto, cerca de un millón de electores que apostaron por Sánchez en 2023 se orientan hoy hacia Feijóo o Abascal, lo que consolida el principal vector de cambio político.
2. Dinámicas de contención entre el PP y Vox Aunque Vox apenas pesca directamente en el caladero socialista tras el suceso, retiene una importante bolsa de 300.000 antiguos votantes del PSOE. Asimismo, se mantiene un flujo continuado de 1,1 millones de sufragios desde el PP hacia la formación de Abascal. La estrategia de los populares pasa por asumir esa fuga en su flanco derecho mientras intenta compensarla atrayendo voto moderado desde el centro-izquierda.
3. La bolsa de indecisos como campo de batalla La tasa de indecisión revela la brecha de fidelidad entre los dos grandes partidos: mientras el PP la reduce al 3,4%, el PSOE ve cómo se eleva al 10,9%, lo que representa unos 850.000 electores de 2023 cuya reatracción es vital para la candidatura socialista. Por su parte, el repunte de indecisos en Vox (5,2%) refleja el impacto del accidente ferroviario y abre la puerta a un posible voto útil de la derecha en favor del PP durante el tramo final de la campaña.

Caída del Gobierno en Cataluña y desempate en Extremadura
La segunda entrega del desglose autonómico del sondeo aborda Cataluña y Extremadura: dos escenarios con dinámicas opuestas pero determinantes. La primera representa el feudo clave que apuntaló el resultado de 2023, mientras que la segunda ejemplifica el impacto que la fragmentación del voto puede provocar en la distribución final de actas en la España interior.
1. Cataluña: erosión del bloque de gobierno y auge de la oposición En 2023, la suma de las fuerzas del Ejecutivo resultó decisiva: la victoria del PSOE y el segundo puesto de Sumar compensaron el desgaste en el resto del Estado y articularon la mayoría parlamentaria junto a Junts. Sin embargo, ese esquema muestra claros signos de agotamiento.
- PSOE y Frente Amplio: Aunque los socialistas revalidarían su triunfo por segunda convocatoria consecutiva, perderían tres diputados. El retroceso es más severo a su izquierda, donde el Frente Amplio pasa de segunda a sexta fuerza, quedando reducido a tres actas por la provincia de Barcelona.
- Espacio independentista: ERC capitaliza la erosión del bloque gubernamental, escalando hasta los 10 escaños y consolidando el liderazgo del voto soberanista en las generales. Por su parte, Junts se mantiene en una acusada atonía y cede un representante.
- Derecha y centro-derecha: Vox protagoniza la mayor subida en Cataluña al pasar de 2 a 6 escaños, asegurando representación por Gerona y Tarragona. El PP sostiene su posición como tercera fuerza apoyado en Barcelona, con opciones de recuperar presencia en Gerona y sumar un diputado por Lérida.
2. Extremadura: la ruptura del empate en las circunscripciones medianas En las anteriores generales, Extremadura registró un empate a cuatro escaños entre el PP y el PSOE. La provincia de Cáceres —con un reparto par de cuatro diputados— ha funcionado históricamente como un feudo donde los dos partidos mayoritarios se repartían dos actas cada uno. La proyección actual altera ese equilibrio tradicional.
El crecimiento de Vox permite la entrada de una tercera fuerza en el reparto cacereño, decantando la balanza con una distribución de 2 escaños para el PP, 1 para el PSOE y 1 para Vox. Este fenómeno en provincias de tamaño medio y pequeño (de entre 3 y 6 escaños) anticipa un factor distorsionador clave que puede condicionar de forma sustancial el resultado de las elecciones.

Más votantes mayores de 65 años que menores de 40
Tras la resolución de las reclamaciones censales por parte del Instituto Nacional de Estadística (INE), ha quedado fijado el censo electoral definitivo para los comicios del 29-N. Un total de 38.730.187 personas están llamadas a las urnas, dibujando un mapa demográfico con implicaciones directas en la representación política.
1. Crecimiento del censo y nuevos electoresEl cuerpo electoral experimenta un incremento de 1,26 millones de personas respecto a las generales de 2023. Este aumento responde al crecimiento poblacional en España —impulsado en parte por los procesos de adquisición de nacionalidad— y al repunte del censo en el exterior (CERA), actualmente envuelto en controversia judicial. Asimismo, se incorpora un contingente de 1,61 millones de jóvenes que debutan en unas elecciones generales tras haber alcanzado la mayoría de edad.
2. Impacto demográfico en el reparto de escaños La redistribución de la población altera el peso parlamentario de las circunscripciones. En esta cita electoral, la Comunidad de Madrid suma un diputado adicional hasta alcanzar los 38 escaños, mientras que la provincia de Cádiz pierde un representante, quedando con 8. En el plano histórico, la tendencia secular de despoblación y concentración sitúa a Madrid con cuatro actas más que a comienzos de siglo, frente a Asturias, que encabeza las pérdidas con dos representantes menos. La representación mínima se mantiene en tres diputados por provincia, salvo en Soria, que cuenta únicamente con dos.
3. Brecha de género y envejecimiento poblacional En el censo de residentes en España, las mujeres (18,6 millones) superan a los hombres (17,3 millones), si bien la distribución por sexo varía notablemente según la cohorte de edad:
- Hasta los 39 años: Predominio del electorado masculino.
- A partir de los 40 años: Inversión de la tendencia y progresivo predominio femenino.
- Mayores de 85 años: La longevidad de las mujeres duplica en número al de los hombres.
4. El peso determinante del voto sénior El electorado se concentra de forma mayoritaria en las franjas de mediana y avanzada edad. La cohorte de 45 a 64 años representa la masa más numerosa con 13,3 millones de votantes. Por su parte, los mayores de 65 años (10,1 millones) superan ampliamente al colectivo menor de 40 años (9,7 millones). Esta estructura demográfica —sumada a las tasas históricamente más elevadas de participación entre los mayores— explica la centralidad de debates como las pensiones en las agendas de los partidos.
5. El voto exterior y el peso de la diáspora El CERA se consolida en 2,77 millones de inscritos, lo que supone un incremento de 448.000 electores frente a 2023. El mayor volumen de residentes en el extranjero se localiza en Argentina (524.867), Francia (267.960), Estados Unidos (213.683), México (192.306) y Cuba (169.281). La magnitud de este censo se mantiene en el centro del debate político debido a las nacionalizaciones derivadas del marco legislativo sobre memoria democrática.
Agencias

