NotMid 08/11/2026
MUNDO
El cielo sobre la Europa oriental volvió a iluminarse esta madrugada con el resplandor de las explosiones, en una de las jornadas de mayor intensidad del conflicto en los últimos meses. Rusia y Ucrania intercambiaron una ofensiva masiva de drones y misiles tierra-tierra, dirigida de forma deliberada contra los pulmones energéticos y logísticos de ambos países.
En Kiev, las sirenas antiaéreas no dejaron de sonar durante horas. El objetivo ruso fue certero y demoledor: un puente estratégico clave para el reabastecimiento militar y el paso de civiles en las afueras de la capital, junto con varias plantas de generación eléctrica que dejaron a oscuras a cientos de miles de hogares al despuntar el alba. Los impactos en la infraestructura energética de la capital ucraniana buscan redoblar la presión sobre la población civil y colapsar la red de distribución ante la inminente bajada de las temperaturas.
Sin embargo, la respuesta de Kiev no se hizo esperar y cruzó la frontera con fuerza. A cientos de kilómetros del frente, drones de largo alcance ucranianos lograron burlar los sistemas de defensa rusos para impactar contra una refinería de petróleo clave para el suministro de combustible de las tropas de Moscú, así como contra una fábrica dedicada a la producción de componentes electrónicos para proyectiles guiados. Las imágenes satelitales y los vídeos difundidos en redes sociales mostraron densas columnas de humo negro elevándose sobre las instalaciones rusas en llamas.
Mientras las defensas aéreas de ambos bandos trabajaban al límite de su capacidad, interceptando decenas de proyectiles en el aire, el balance de los daños evidencia una escalada sin freno. La guerra ya no se libra solo en la línea de contacto de las trincheras, sino en la capacidad de cada nación para mantener en pie sus redes de energía, sus líneas de suministros y sus centros de producción militar.
Agencias

