NotMid 14/04/2026
EDITORIAL NotMid
El movimiento telúrico provocado por el escenario electoral en Venezuela ha alcanzado una magnitud que el régimen no logra contener. Ni siquiera el despliegue de Diosdado Cabello —enviado a enfriar una “papa caliente” que ya quema las manos del oficialismo— ha podido frenar un malestar que crece como bola de nieve, bajo la mirada vigilante y la creciente preocupación de la comunidad internacional.
En la medida en que la cúpula persiste en su avance hacia el precipicio, y en tanto Delcy Rodríguez se esmera en demostrar que es el calco político de Maduro, la urgencia de una transición democrática genuina deja de ser una aspiración para convertirse en una necesidad inevitable.
Es un proceso de degradación acelerado. La misma funcionaria que hace apenas un mes se proyectaba como una figura de interlocución, hoy se desdibuja sobre las tarimas, enfundada en una chaqueta verde oliva y replicando la narrativa decadente de quien parece caminar hacia un destino similar al del 3 de enero.
Resultaría revelador conocer la impresión de aquellos funcionarios estadounidenses y ejecutivos petroleros que, tras estrechar manos en la firma de los nuevos acuerdos de Chevron, presenciaron el siguiente acto del guion: una vicepresidenta vestida de miliciana, arremetiendo contra quienes —según su discurso— pretenden “entregar las riquezas a poderes extranjeros”
Más que una contradicción, es una señal de fractura. O como diría el refranero popular: hay una mosca en la sopa que ya nadie puede ignorar.

