NotMid 08/04/2026
Editorial NotMid
El refranero popular, siempre generoso, dicta que errar es humano y rectificar es de sabios. Sin embargo, cuando la escala del daño alcanza proporciones históricas, el lenguaje coloquial se queda corto y la sabiduría se confunde con la impunidad. Las recientes declaraciones de Delcy Rodríguez, aludiendo a supuestos “errores del pasado” mientras el eco de los sucesos del 3 de enero aún resuena en la conciencia nacional, no son un acto de contrición; son una maniobra de semántica política.
Llamar simplemente “errores” a las políticas que han desmantelado el tejido social de Venezuela es una minimización ofensiva.
No asistimos a pifias técnicas fruto de la inexperiencia, ni a extravíos conceptuales propios de quien ensaya un modelo nuevo. Lo que el país ha padecido es un intento cruel, sistemático y deliberado por someter a una nación entera a los designios de un poder tiránico, asfixiando cada espacio de libertad hasta su mínima expresión.
El error es involuntario; la demolición institucional es una estrategia.
Desde esta tribuna no nos arrogamos la facultad de administrar indulgencias. El perdón, en su dimensión más pura, pertenece al fuero interno de cada ciudadano que ha visto su vida truncada. Pero la política no se rige por la fe, sino por la responsabilidad.
Venezuela, en su inevitable tránsito hacia la reconstrucción, deberá transitar un sendero donde el aprendizaje y la rectificación sean bienvenidos, pero bajo una premisa innegociable: no hay reconciliación real sin justicia y reparación. La historia no se borra con un cambio de narrativa, se sana con la rendición de cuentas.
No es momento de dejarse seducir por cantos de sirena ni por amagues de arrepentimiento calculados para ganar tiempo. La distracción es el último refugio de quienes se saben cuestionados.
El imperativo del presente es nítido y no admite desviaciones: abrir, de una vez por todas, las compuertas a la soberanía popular. El país no reclama disculpas retóricas; exige democracia, cambio y el retorno de la libertad que le fue arrebatada. Lo demás, hoy por hoy, es solo humo de pólvora intentando ocultar la realidad.

