Sólo por devolverles la fechoría, el PP y Vox, entonces un mismo partido, podrían estar rodeando las sedes del PSOE
NotMid 02/11/2026
OPINIÓN
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS
Uno de los últimos aciertos de Abascal es el mote que le ha puesto al responsable técnico de las masacres de Adamuz y Urda: «Óscar Muerte». El responsable político es su jefe, el presidente del Gobierno, también aficionado a las tumbas, para llenarlas y para vaciarlas. Empezó asaltando la tumba de Franco y terminó enterrando a 130.000, sólo en la pandemia, la peor gestión de Europa, porque estaban robando el dinero para mascarillas y tenían que llenar las calles el 8-M. Por cierto, la víspera, Broncano, coreaba «¡coronavirus, oé!», y se ganó igualar el sueldo de Mbappé, arrastrándose ante la tiranía -uno, Sánchez; el otro, Mohamed y Mao-, sin goles. Eso, Motos.
Aunque asaltatumbas, a Sánchez le gustan más las fosas. Antes de descubrir a Lorca, que los analfabetos quieren reducir a icono gay, algo que nunca fue y como si sus preferencias sexuales importaran más que su obra, y de posar junto al Guernica, donde hubo tantos muertos como lleva Puente, Sánchez se disfrazó de médico («Doctor Fraude») y se puso a revolver esqueletos en el Valle de los Caídos. Elogia a la II República, supongo que por la Guerra Civil, pero desconoce al Azaña de su último discurso, el «de las tres P»: que termina «Paz, Piedad, Perdón» y está dedicado a los muertos de ambos bandos, juntos en la tierra común. Ninguna de esas pes encaja con Sánchez y Puente, Tumbas y Muerte, y han vuelto a demostrarlo en la tragedia de Urda, idéntica a la de Adamuz. Ni un solo representante del Gobierno fue al funeral por las víctimas en la Catedral de Toledo. Cuando en Adamuz intentó un funeral masónico «de Estado» como el del Covid-19 y lo rechazaron tajantemente las familias, al menos mandó a Mari Chusma. Ahora, ha prohibido ir hasta a Bolaños, Margarita Robles y Carlos Cuerpo. Ni disimulan.
La cloaca sincronizada dice que España es un país laico y que nada pinta el Gobierno en un acto religioso, olvidando los de la dana y de Adamuz. Pero, al margen de mostrar su condición de desalmados, lo que buscan evitar a toda costa es que a Sánchez, a su verdugo o a sus sicarios los llamen «asesinos», como hicieron las izquierdas en el 11-M cuando rodearon las sedes del PP en la Jornada de reflexión, y que aún exhiben como hazaña progresista.
Sólo por devolverles la fechoría, el PP y Vox, entonces un mismo partido, podrían estar rodeando las sedes del PSOE. De momento, la indudable, o incurable, superioridad moral de la derecha se lo ha impedido. Pero si Óscar Muerte y Pedro Tumbas insisten, inhumanos, en el «fallo humano» de un trabajador, abandonado por los comegambas, que siguen con su huelga general contra la democracia, finalmente lo conseguirán.

