Peter Zalmayev: La obsesión imperial de Putin y los deberes pendientes de Kiev
NotMid 25/07/2026
MUNDO
Peter Zalmayev (Donetsk, 1976) es un activista y analista político ucraniano-estadounidense. Formado en Asuntos Internacionales en la Universidad de Columbia, dirige la Eurasia Democracy Initiative, dedicada a promover la democracia en el espacio postsoviético. Presentador en la televisión ucraniana y comentarista habitual en medios internacionales, desde el comienzo de la invasión ha recorrido numerosos países para explicar la postura de su país y combatir la desinformación rusa.
Zalmayev no cree que el objetivo de Vladímir Putin sea reconstruir literalmente la Unión Soviética, sino recuperar una esfera de influencia imperial en la que Ucrania es la pieza clave. “No se puede restaurar la URSS tal y como existió, pero cualquier intento de recuperar la gloria rusa presupone traer de vuelta a Ucrania”, señala. A su juicio, la guerra responde a una deriva personal: durante el aislamiento de la pandemia, el mandatario ruso se radicalizó en su búnker, rodeado de consejeros convencidos de que la grandeza nacional exige el control sobre Kiev. “Putin considera a Kiev la madre de las ciudades rusas. Sin Kiev, Rusia se siente huérfana. Ese es el problema”.
Frente a los debates identitarios y las disputas sobre el pasado, el analista se muestra tajante: “Si uno retrocede lo suficiente, no había ucranianos ni rusos tal y como los entendemos hoy. Se pueden fabricar argumentos sobre fronteras; para mí, es un debate absurdo”. Tampoco alberga dudas sobre una salida negociada a corto plazo: “Rusia nunca pretendió alcanzar un acuerdo con Ucrania en términos de igualdad; mientras Putin viva, no lo hará”.
En el plano militar, Zalmayev advierte de que la ventaja actual de Kiev gracias a la tecnología es frágil. “Hemos avanzado muy deprisa, pero es un margen estrecho; Rusia aprende y terminará adaptándose”, avisa.
Más allá del frente, el analista elogia la capacidad de comunicación de Volodímir Zelenski —“ha hecho a veces un trabajo magistral”—, pero censura los errores estratégicos de Kiev. A su entender, Ucrania ha transmitido en ocasiones la imagen de exigir ayuda de forma permanente sin agradecer con la debida contundencia el respaldo de sus aliados.
A este desgaste se suma el lastre de la corrupción. Aunque reconoce que un conflicto de esta magnitud genera grietas para el fraude, echa en falta una respuesta mucho más firme, en especial cuando las sospechas salpican al entorno presidencial. “Me habría gustado ver un esfuerzo más auténtico. Cuando aparecen colaboradores del presidente, se debería haber actuado antes y con más dureza”, denuncia. Su diagnóstico es severo: “Parece que algunas personas no tienen miedo al castigo por robar. En tiempo de guerra, el presidente debe tener la mano mucho más dura con su propio entorno”.
Agencias

