NotMid 22/06/2026
IberoAmérica
Colombia, un país partido en dos, aguarda con incertidumbre su futuro inmediato. Ante la amenaza de violencia callejera y una polarización extrema, el abogado independiente Abelardo de la Espriella se ha alzado con la victoria en las urnas y asumirá la presidencia del país el próximo 7 de agosto. Con cerca del 100% de los votos escrutados, el candidato derechista obtuvo un 49,7%, frente al 48,7% de su rival petrista, Iván Cepeda.
Aunque las encuestas vaticinaban una ventaja de entre cinco y siete puntos, el estrechamiento del margen en los últimos días ha sumido al país en un ambiente caldeado. De la Espriella, ajeno a las estructuras políticas tradicionales y con una representación parlamentaria mínima, se enfrenta ahora al reto de gobernar bajo una oposición radical. A la incertidumbre institucional se suma el temor por la reacción de las bandas criminales —que habrían forzado el voto en regiones bajo su control— y la actitud del presidente saliente, Gustavo Petro, quien ha encajado esta derrota negándose a reconocer de inmediato los resultados.
La sombra del fraude y la estabilidad en riesgo
Petro, quien mantiene una postura cuestionada desde la primera vuelta del pasado 31 de mayo —al denunciar un supuesto fraude jamás acreditado—, ha anunciado que esperará al escrutinio definitivo de la Registraduría Nacional antes de reconocer el fallo. Durante la jornada electoral, el mandatario insistió en que solo los jueces pueden determinar al ganador, avivando la polémica mediante mensajes en X sobre la supuesta manipulación de los formularios E14, a pesar de que expertos y políticos refutaron sus argumentos.
Esta actitud ha desatado críticas en el arco parlamentario. El senador electo Andrés Forero calificó la postura de Petro como la de un “pirómano que sigue ambientando el desconocimiento de los resultados y un posible golpe de Estado”. En la misma línea, el congresista del Partido Verde, Juan Carlos Lozada, advirtió: “Lo que esperamos del presidente es a un estadista, no a un militante. Al desconocer los resultados, pone en grave riesgo la estabilidad institucional”.
Miedo a un nuevo “estallido social”
La tensión es palpable. El presidente saliente ha sugerido a sus bases movilizarse en las calles, mientras que destacados sectores de la izquierda han advertido sobre posibles brotes de violencia. Carlos Carrillo, exdirector de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo y activista de la campaña de Cepeda, llegó a declarar a El Olfato que el país podría “incendiarse” debido a un clima de “psicosis colectiva”.
El recuerdo del “estallido social” que paralizó Colombia meses atrás, marcado por episodios de violencia, ha sembrado el miedo en parte de la ciudadanía. Para mitigar esta desconfianza, el presidente del Consejo Nacional Electoral, Cristian Quiroz, confirmó un despliegue sin precedentes: más de 15.000 observadores internacionales y 2.000 supervisores, acompañados por más de 266.000 testigos electorales en todo el territorio.
Por su parte, el presidente electo ha intentado proyectar calma: “Vamos a aceptar los resultados, somos demócratas, pese a que no pudimos entrar en varias regiones del país y con un Gobierno haciendo campaña activa”, declaró De la Espriella. Tras la tensión inicial, Cepeda —quien en la primera vuelta tardó una semana en reconocer el resultado— ha asegurado en esta ocasión que no obstaculizará el proceso, marcando un ligero respiro en una transición que se perfila como una de las más complejas de la historia reciente de Colombia.
Agencias

