NotMid 03/06/2026
MUNDO
Rusia ha vuelto a castigar a la población civil ucraniana con una nueva noche de bombardeos masivos. Vladímir Putin lanzó su blitz nocturno —el primero desde que el Kremlin instó a los embajadores extranjeros a abandonar Kiev de inmediato— desplegando una fuerza de 73 misiles y 656 drones, con un coste estimado en 250 millones de euros. El balance provisional es devastador: 21 muertos y más de un centenar de heridos.
Esta ofensiva no acerca a Rusia a la victoria militar ni doblega la resistencia ucraniana. Sin embargo, permite al régimen de Moscú mantener su estrategia de terror frente a Europa y, sobre todo, aplacar a sus sectores internos más radicales; aquellos que exigen “prender fuego a Kiev” y que representan la principal amenaza para la popularidad doméstica de Putin.
El talón de Aquiles: la crisis de los Patriot
El gran protagonista del ataque fue el misil balístico, una baza letal debido al preocupante déficit de interceptores Patriot en los arsenales ucranianos y globales. En esta ocasión, Rusia empleó:
- 33 misiles balísticos Iskander (cuya interceptación es casi imposible sin defensas avanzadas).
- 8 misiles hipersónicos Zircon.
- 27 misiles de crucero Kh-101.
- 5 misiles Kalibr.
- 656 drones Shahed.
Mientras que la mayoría de los drones y misiles de crucero fueron derribados, las trayectorias balísticas quebraron las defensas. Uno de estos impactos sepultó a 15 civiles mientras dormían en la ciudad de Dnipro.
Ante esta alarmante vulnerabilidad, el presidente Volodímir Zelenski solicitó recientemente por carta a Donald Trump la venta urgente de nuevos sistemas Patriot. La petición sigue sin respuesta, al igual que el silencio de Washington tras el reciente impacto de un dron ruso en suelo de Rumanía (miembro de la OTAN).
“Si Ucrania no está protegida contra los misiles balísticos, estos ataques continuarán. Europa necesita su propia defensa antibalística para frenar esta guerra”, urgió Zelenski en sus redes sociales.
La lentitud de gigantes armamentísticos como Raytheon (fabricante del Patriot) o el consorcio europeo MBDA y Thales (responsables del sistema SAMP-T) para elevar la producción sigue sin explicación clara. Ante el goteo insuficiente de ayuda, Kiev ya ha solicitado licencias para fabricar estos componentes en su propio territorio.
La “fase V-2” de la guerra
En Ucrania ya denominan a esta campaña “la fase V-2”, en alusión a los meses agónicos del Tercer Reich, cuando la Alemania nazi bombardeaba Londres con los primeros misiles de la historia como pura demostración de fuerza en una guerra que ya sabía perdida. Aunque Rusia no ha perdido el conflicto, no ha logrado ninguno de sus objetivos principales tras cuatro años de campaña, sufriendo un desgaste humano y económico que amenaza sus propios cimientos. Ucrania, por su parte, ha demostrado capacidad para devolver el golpe golpeando territorio ruso en profundidad.
El paralelismo histórico también se refleja en las cifras de víctimas civiles:
| Conflicto | Periodo | Víctimas Civiles |
| Bombardeos V-2 (Londres) | Meses finales de la II GM | 2.754 muertos / 6.523 heridos |
| Misiles Rusos (Ucrania) | Primeros 4 meses de 2026 | 815 muertos / 4.174 heridos |
Según la ONU, estas cifras en Ucrania representan un aumento del 21% respecto a 2025 y un alarmante 93% más que en el mismo periodo de 2024.
Rabia y estancamiento en el barro
Los analistas internacionales coinciden en el diagnóstico de frustración que envuelve al Kremlin. Lawrence Freedman, catedrático de Estudios de la Guerra en el King’s College de Londres, es tajante: “Esto no es una nueva estrategia para ganar la guerra, sino una rabieta. La luz volverá, los escombros se limpiarán y los ejércitos de Ucrania seguirán avanzando”. En la misma línea, Tatiana Stanovaya, analista de la organización Carnegie, apunta que “el miedo a la derrota es tan fuerte entre la cúpula militar que la indecisión de Putin se ha convertido en un problema estructural”.
La realidad del frente corrobora este bloqueo. El Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) señala que las fuerzas ucranianas han frenado en seco la ofensiva rusa de primavera-verano de 2026. El ISW advierte además que Putin opera bajo una percepción distorsionada del éxito militar, alimentada por los informes inflados de sus generales, lo que le empuja a mantener un gasto bélico desorbitado.
Los datos objetivos de fuentes abiertas (como la plataforma DeepState) respaldan el estancamiento: las tropas rusas apenas lograron capturar 14 kilómetros cuadrados en todo el mes de mayo, la cifra más baja desde octubre de 2023. En un frente blindado por la omnipresencia de los drones, donde el avance de la infantería es casi imposible, la guerra se ha trasladado definitivamente al cielo.
Agencias

