NotMid 05/06/2026
USA en español
El Capitolio ha dicho basta. Por primera vez, la Cámara de Representantes de Estados Unidos ha aprobado una resolución para limitar los poderes del presidente Donald Trump en el conflicto con Irán. El resultado, un ajustado 215-208, prosperó gracias al desmarque de cuatro republicanos y tiene un calado político mucho mayor de lo que sugieren las cifras. Desde febrero, la oposición demócrata había intentado en media docena de ocasiones sacar adelante iniciativas similares para exigir la retirada de tropas o supeditar la campaña a la autorización del Congreso.
Hasta ahora, la Casa Blanca había logrado mantener prietas las filas. Ya no. El voto es el síntoma de un Legislativo que se rebela contra una intervención que considera dañina, innecesaria, pésimamente gestionada y que, a punto de cumplir 100 días, está costando una fortuna.
El desgaste de la hegemonía
La sociedad estadounidense muestra signos de fatiga frente a la eterna crisis en Oriente Próximo. Aunque formalmente rige un alto el fuego desde hace semanas, los escarceos son continuos y el goteo de noticias sobre drones y misiles no cesa, mientras el precio de la gasolina sigue disparado. El propio presidente es incapaz de ocultar su frustración: tan pronto afirma que un acuerdo es inminente como asegura, a la mañana siguiente, que le da igual. En el proceso, insulta a su principal socio en la región, Israel, constatando que no existe una salida fácil ni rápida.
El verdadero desafío no reside en los flecos del acuerdo ni en el escollo del programa nuclear, sino en los límites del poder hegemónico de Washington y en la pérdida de su influencia global. La Tercera Guerra del Golfo podría no alterar estructuralmente el ciclo del petróleo, pero ya está reescribiendo la geopolítica de la fidelidad y la fuerza bruta en la era de los drones y la inteligencia artificial.
Tras los masivos bombardeos de 2025 y la operación que culminó con la captura de Nicolás Maduro, Trump envió un mensaje de asombrosa superioridad militar a Moscú y Pekín. Demostró que su ejército puede golpear casi en cualquier lugar sin sufrir bajas. Sin embargo, la campaña de Irán ha expuesto las debilidades crónicas de una superpotencia que ya en el pasado fue incapaz de someter a Vietnam y terminó exhausta en Afganistán.
“La situación es insostenible”
Las amenazas de Trump funcionaron durante el primer año y medio de su segundo mandato contra socios comerciales resignados y países menores. El mandatario ha llegado a bombardear seis naciones con escasa resistencia. Pero esta fórmula coercitiva ha fracasado con China en materia arancelaria —especialmente en el tablero de Taiwán— y no ha logrado doblegar a Teherán. La Casa Blanca se ve ahora obligada a buscar una salida difícil de encajar en su narrativa de victoria total.
En un reciente análisis, Jennifer Kavanagh (Georgetown University) y Rosemary Kelanic (Defense Priorities) advierten:
“La situación con Irán es insostenible. Por mucho que Trump desee un acuerdo para romper el estancamiento, sus propias decisiones sabotean la negociación. Para lograrlo, Washington deberá abandonar sus posturas maximalistas sobre el programa nuclear y renunciar a restringir los misiles iraníes o su red de aliados regionales. Además, Trump sufre un déficit de credibilidad: al atacar en plenas conversaciones y amenazar en redes con eliminar ‘toda una civilización’, ha destruido los incentivos para que Teherán coopere”.
Los exabruptos del secretario de Defensa, Pete Hegseth, no ocultan que los objetivos de la Operación Furia Épica —desmantelar el programa nuclear y forzar un cambio de régimen— han fracasado. Pese a descabezar al Gobierno y destruir silos de misiles, Irán no está derrotada. Tras el cierre del estrecho de Ormuz y las represalias contra instalaciones estadounidenses, la región es hoy mucho más inestable que antes de la ofensiva.
La falacia de la guerra tecnológica
Trump es un líder impaciente, de fobias perpetuas pero capacidad de concentración limitada. Su prisa choca con las estrategias a largo plazo y encaja en lo que el historiador militar Lawrence D. Freedman denomina la “falacia de la guerra corta”: la falsa creencia de que la superioridad tecnológica garantiza una capitulación fulminante.
Freedman explica que las potencias tienden a asumir que su ventaja abrumará al rival, un error que ya cometió Rusia en Ucrania. El pensamiento militar estadounidense, espoleado por la IA y la selección automatizada de objetivos, ha consagrado la idea de que la brillantez táctica equivale al éxito estratégico. En el Pentágono presumen de estadísticas, aviones desplegados y barcos hundidos, confundiendo la eficacia en el campo de batalla con la efectividad diplomática. Como señala Freedman: «Cualquier líder al que se le ofrezca una victoria rápida debería preguntar primero: “¿Cómo podemos estar tan seguros?” y “¿Qué pasa si se equivocan?”». Trump no lo hizo.
El advenimiento del ‘No-Orden’
Mark Leonard, director del European Council on Foreign Relations, sostiene que este conflicto escenifica el colapso de la idea misma de orden internacional, dando paso a lo que define como un-order (no-orden). No se trata de mero desorden o caos temporal, sino de algo más profundo:
- El desorden: Implica la vulneración de normas que, paradójicamente, se siguen reconociendo como vigentes.
- El no-orden: Surge cuando los acontecimientos desbordan el marco legal y ya no existe un entendimiento común de la verdad o las reglas del juego. El sistema se convierte en un escenario puro de coerción y represalia.
A Trump nunca le gustó el orden multilateral porque sentía que Estados Unidos salía perdiendo. Él buscaba una nueva jerarquía con esferas de influencia donde el resto se plegara a sus intereses. En su lugar, al dinamitar las reglas del juego, ha generado un vacío geopolítico insólito.
Tras sacudir los cimientos de la OTAN, alienar a sus vecinos y despreciar a sus aliados, Washington se encuentra hoy ante un espejo incómodo. El resto del mundo observa ahora la crisis de la Casa Blanca con una mezcla de temor y fría satisfacción, recordando la máxima más vieja de la política: si lo rompes, lo pagas.
Agencias

