NotMid 16/04/2025
Opinión NotMid
Mientras la acostumbrada corte de jalamecates y alacranes —esos especímenes que mutan de piel pero no de vicios— se desgañita acusando de “extremistas” a quienes exigen el derecho al voto, el tablero político revela una ironía sangrienta. Critican con rabia el retorno de María Corina Machado, tildándolo de desestabilizador, mientras bajo cuerda, Delcy Rodríguez ya se mide el traje de candidata.
La “interina” del régimen no solo está haciendo diligencias; ha ido un paso más allá en el pragmatismo que tanto critican: contrató a un lobista estadounidense. El objetivo es claro: aceitar los engranajes en Washington para tramitar permisos, suavizar percepciones y garantizarse ciertas “facilidades” que le permitan vender una candidatura con barniz de legitimidad.
El cuadro no deja de ser hilarante, si no fuera trágico. Mientras Delcy busca la bendición del “imperio” que tanto maldice en cadena nacional, su hermano Jorge, con el cinismo que lo caracteriza, declara a El País que “primero la economía y luego las elecciones”
¡Vaya cara de tabla! Es la táctica de la distracción perpetua: prometen pan para mañana mientras cocinan el fraude de hoy.
No sería la primera vez que esta dupla intenta montar un proceso electoral clandestino o a la medida. Los “hermanos siniestros” son expertos en el arte de la simulación. Sin embargo, el panorama actual presenta una grieta que no pueden tapar con propaganda: el punto de inflexión marcado el pasado 3 de enero.
Todos los venezolanos, agotados pero expectantes, guardamos la esperanza de que la transición pautada en el plan de tres fases del Secretario de Estado, Marco Rubio, sea el muro de contención contra estas maniobras de salón.
De ese plan —y de una lista de pendientes que parece no tener fin— tendrá que ocuparse el nuevo encargado de negocios de Estados Unidos en Venezuela. Tras la partida de la embajadora Dogu, el relevo recibe una papa caliente en un escenario donde la diplomacia se juega en terreno minado.
Desde esta trinchera, no queda más que desearle mucha suerte en la misión encomendada. En este juego de espejos y ambiciones clandestinas, ¡ustedes y nosotros la necesitamos por igual!

