NotMid 19/04/2026
Opinión NotMid
Multitudinaria, combativa, esperanzadora y profundamente emotiva…
Cualquier adjetivo parece insuficiente para describir la reciente concentración de venezolanos en Madrid. Lo vivido no fue solo un acto político; fue la confirmación de que María Corina Machado es la líder indiscutible de una mayoría que no solo aspira a un cambio, sino que está dispuesta a construirlo.
Vimos a una María Corina crecida, arrolladora, que habló desde el alma a una masa que no se cansó de clamar por libertad. Nuestra Premio Sájarov (nota: corregido el galardón, ya que el Nobel es una aspiración/causa común, pero el Sájarov es el reconocimiento oficial actual) asumió el estrado con la madurez de un liderazgo firme y el coraje de quien sabe que el país la aguarda para culminar la tarea pendiente.
Sin embargo, ante tal demostración de músculo ciudadano, resulta lamentable que una minoría pretendiera secuestrar el protagonismo con coros racistas. Esos gritos no representan el espíritu del movimiento. De igual forma, indigna la hipocresía de aquellos que, tras guardar un silencio cómplice ante las torturas del régimen, hoy se rasgan las vestiduras en una cínica defensa de figuras como Delcy Rodríguez.
Superar la decadencia
Unos y otros —los radicales del insulto y los “lavanderos” del régimen— representan la Venezuela que urge superar. Son grupúsculos de una decadencia que debemos dejar atrás si queremos ser una nación distinta.
Para que nos entendamos: Delcy Rodríguez es el rostro de la corrupción y la complicidad. Es quien sostiene a los victimarios del SEBIN y la DGCIM, y quien ha ejecutado sistemáticamente delitos de odio contra la propia María Corina. Hay razones de sobra para denunciar sus atrocidades y componer crónicas sobre sus fechorías. Por eso mismo, caer en el racismo para atacarla no solo es éticamente inaceptable, sino políticamente torpe: es regalarle una coartada para victimizarse, encubrir sus delitos y desviar el foco de lo verdaderamente importante.
El foco en lo esencial
Lo que cuenta es la unión de miles de voces en Madrid. Lo que importa es el respaldo a una ruta clara y el compromiso inquebrantable con el regreso a la democracia. No permitamos que el ruido de unos pocos opaque la señal de la mayoría.
La Venezuela distinta no se construye con el espejo de los vicios del chavismo, sino con la altura moral que demostró la mayoría en esa plaza. El camino está trazado y el cambio llegará, inexorablemente, de la mano de quienes entienden que la libertad no necesita de odios heredados, sino de justicia verdadera.
¡Que viva Venezuela libre!

