NotMid 23/09/2026
Estados Unidos en español
La diplomacia contemporánea rara vez ofrece giros tan vertiginosos como el protagonizado por Delcy Rodríguez. Sin el refinado ingenio ni el carisma legendario de Charles-Maurice de Talleyrand —aquel camaleón francés que sobrevivió a monarcas, a la Revolución y al Imperio—, la dirigente venezolana ha demostrado una idéntica destreza para la supervivencia y el pragmatismo extremo. En cuestión de meses, ha transitado de ser la espada dialéctica del chavismo más furibundo, castigada con sanciones directas desde la Casa Blanca, a erigirse en interlocutora preferente de la administración de Donald Trump y en jefa de Estado de facto con el plácet de Washington.
El contraste visual y político en la sede de las Naciones Unidas resume el vértigo de esta mutación. Quien antaño tildaba las medidas punitivas norteamericanas de «terrorismo de Estado» y vociferaba contra el «imperialismo» desde el atril neoyorquino, permaneció este martes con gesto inmutado mientras el propio presidente estadounidense calificaba de «dictador y criminal» a su antecesor y sentenciaba, sin ambages, que «el botín pertenece a los vencedores» en alusión a los ricos yacimientos petrolíferos del país caribeño. Lejos de la confrontación, la jornada se saldó con una fotografía sonriente, flanqueada por la victoria en los dedos, junto al que hasta hace poco era señalado como el enemigo existencial del proceso bolivariano.
Mientras la plana mayor del chavismo sella su pragmática entente con la superpotencia, la oposición democrática sufre el reverso de este tablero geopolítico. En un paralelismo cruel, la líder opositora María Corina Machado permanecía varada en Panamá, topándose una y otra vez con muros burocráticos, pasaportes bloqueados y el mutismo táctico de una Washington que ha reorientado sus prioridades estratégicas en el Caribe.
Del aislamiento a la realpolitik petrolera
«Sostuvimos una histórica reunión con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, con quien conversamos sobre el fortalecimiento de la relación bilateral», proclamó Rodríguez a través de su cuenta oficial en X, constatando un realineamiento que hace apenas unos años parecía impensable.
Los hitos de este acercamiento exprés se suceden con precisión cronológica:
- Septiembre de 2018: Incluida en la lista negra de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) durante el primer mandato de Trump por violaciones de derechos humanos.
- Enero de 2026: Tras la caída de Nicolás Maduro, la Casa Blanca aparca gradualmente la «máxima presión» en favor de la estabilidad pragmática.
- 1 de abril de 2026: El Departamento del Tesoro levanta formalmente las sanciones que pesaban sobre ella.
- Julio de 2026: La administración solicita a los tribunales de Florida el reconocimiento de su inmunidad soberana.
- Final del verano: Se rubrica el macroacuerdo energético que sella la participación estadounidense en la recuperación de la industria petrolera y la reestructuración de la deuda.
Las exigencias de transición democrática, calendarios electorales y restitución institucional han quedado relegadas a un segundo plano ante la urgencia de asegurar el suministro y estabilizar el tablero regional. Rodríguez celebra el «respaldo al proceso de reinserción de nuestro país en los espacios multilaterales»; y acierta plenamente en el diagnóstico. El de hoy es, sin duda, el hito más rotundo de este nuevo tiempo diplomático, aunque en el cambiante tablero del Ártico y el Caribe, esté muy lejos de ser el último acto.
Agencias

