NotMid 24/09/2026
USA en español
El Gobierno estadounidense ha invitado formalmente al presidente ruso, Vladímir Putin, a la cumbre de líderes del G-20 que se celebrará a mediados de diciembre en Miami, bajo presidencia norteamericana. Se trata de una mano tendida por Donald Trump, quien busca desde su regreso al poder normalizar progresivamente las relaciones entre ambos países, rotas desde la invasión de Ucrania en 2022. Ambos mandatarios ya se reunieron en el verano de 2025 en Alaska, pero Washington baraja incluso la posibilidad de que la ciudad floridana acoja un encuentro trilateral con el ucraniano Volodímir Zelenski.
“Hemos invitado al presidente Putin al G-20. Creemos que es una oportunidad para que se reúna no solo con el presidente, sino también con otros líderes mundiales. Esperamos que esa sea una invitación que acepte. Hay una oportunidad en diciembre, si eso sucede”, señaló este miércoles el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, tras reunirse en persona con el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov.
La decisión generará fuertes fricciones con los socios europeos. El pasado 31 de agosto, en la reunión de ministros de Finanzas del G-20 celebrada en Asheville (Carolina del Norte), el titular ruso de la cartera, Antón Siluanov, apareció por sorpresa. Tras varios años de ausencia, ocupó su puesto en la mesa y mantuvo un encuentro a solas con el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, anfitrión de la cumbre. Ahora, la Casa Blanca da un paso mucho más ambicioso, agresivo y controvertido.
Trump presume de pragmatismo. Recibió en Washington al nuevo presidente sirio —antiguo enemigo de EE. UU. y vinculado al Estado Islámico—, se reúne con Xi Jinping en la Casa Blanca e incluso posó sonriente con Delcy Rodríguez, hasta hace poco incluida en la lista de sanciones de su propio Gobierno. Putin nunca fue expulsado formalmente del G-20, ya que se requeriría una unanimidad inexistente, pero no asiste en persona desde 2019 ni interviene desde el inicio de la invasión, habiendo recurrido a la videoconferencia durante la etapa de la covid-19.
Un giro radical en la política exterior
La invitación al ministro ruso en agosto supuso ya un volantazo respecto a la postura estadounidense anterior. En abril de 2022, la entonces secretaria del Tesoro, Janet Yellen, y otros altos cargos occidentales abandonaron una reunión del G-20 en Washington como protesta cuando Siluanov intervino de forma virtual. La Unión Europea calificó entonces de inapropiada la presencia rusa, señalando que no era momento de normalizar las relaciones con Moscú mientras continuaran los bombardeos sobre Ucrania. Desde Carolina del Norte, el ministro de Finanzas alemán, Lars Klingbeil, tachó la señal enviada de “bastante preocupante”. El representante ruso fue excluido de la tradicional foto de familia, pero el tabú ya estaba roto.
A Trump le son indiferentes estas críticas. Convencido de que mantiene una relación privilegiada con Putin —a quien percibe dispuesto a escucharle—, confía en que su mediación logre lo que nadie ha conseguido en cuatro años y medio de conflicto, brindándole una oportunidad histórica. Si presume de haber frenado ya ocho guerras en 18 meses, nada le entusiasmaría más que contribuir de manera definitiva al fin de las matanzas en Ucrania.
La cauta respuesta de Kiev
Por razones obvias, el bando ucraniano se muestra escéptico, aunque sin cerrar puertas. Zelenski, quien también mantuvo un encuentro con Trump en los márgenes de la Asamblea General de la ONU, declaró el pasado 12 de septiembre en una entrevista con la Deutsche Welle que estaría dispuesto a reunirse con Putin en Miami: “Sí, claro. Tenemos que ir. Tenemos que reunirnos, hablar y tomar decisiones. No se trata de palabras, solo importa el resultado”.
El Kremlin respondió entonces con evasivas. Su portavoz, Dmitri Peskov, se limitó a señalar que aún desconocían si asistirían a Miami, al tiempo que reiteraba la exigencia de que sea Zelenski quien viaje a Rusia para negociar.
En Nueva York, Zelenski reiteró su disposición: “No todo está perdonado… Pero esto es una señal”, afirmó al ser consultado sobre las opciones reales de un cara a cara. “Estoy dispuesto a reunirme con Putin en cualquier momento. No está ganando, y eso es un problema para él: tiene que demostrárselo a su sociedad. No se trata de nosotros, ni de los estadounidenses, ni de los ucranianos; él no respeta a nadie. Su única preocupación es el pueblo ruso y la presión interna; solo le teme a su nación”, zanjó.
Urgencia ante la tecnología y los recursos bélicos
En su discurso del miércoles, el líder ucraniano instó a la comunidad internacional a seguir “asfixiando los ingresos de Rusia” para mermar su capacidad militar. “Cuando alguien financia a Rusia a través del comercio, le da más tiempo a esta guerra. Por eso insistimos en limitar los intercambios con el agresor”, reclamó. Asimismo, advirtió sobre la vertiginosa evolución tecnológica del conflicto: “Tan pronto como el próximo año, existe una posibilidad real de que la inteligencia artificial, y no las personas, decida lo que ocurre en el campo de batalla. Necesitamos la paz antes de llegar a ese punto”.
Por su parte, Lavrov intervino el miércoles ante el Consejo de Seguridad para reiterar la disposición de Moscú a negociar una “paz duradera”, aunque advirtió que su país no detendrá la ofensiva, ya que un alto el fuego daría margen a Ucrania y a sus aliados para acumular más armamento.
“Por primera vez en la historia de Rusia, oímos que su orgullo, su industria petrolera, se está quedando sin combustible”, replicó Zelenski, respondiendo implícitamente a las peticiones de Trump de evitar ataques contra refinerías rusas. “Nuestro objetivo es mermar la capacidad de Rusia para financiar esta guerra y hacerla más destructiva. Las finanzas y la producción de Rusia deben detenerse si realmente se quiere detener a Putin. Los ucranianos sabemos que este invierno será muy duro, pero no tendremos más remedio que hacer que para Rusia también lo sea”, concluyó.
Agencias

