NotMid 25/04/2026
MUNDO
Una inusual oleada de indignación pública recorre Rusia. Recientemente, varios influencers rusos han difundido llamamientos críticos dirigidos directamente al presidente Vladímir Putin. Lo que comenzó como quejas aisladas ha escalado hasta amenazas de revuelta por parte de antiguos aliados, alimentadas por la asfixia económica y las crecientes restricciones en internet. Aunque los analistas descartan una amenaza inminente para el poder del Kremlin, advierten que este fenómeno representa un desafío creciente y desgastante.
“Cada vez hay que dedicar más esfuerzos a mantener el statu quo“, señala Mark Galeotti, experto en política rusa.
La bloguera que rompió el silencio
El catalizador de este malestar fue un video de 19 minutos publicado por Victoria Bonya, una popular bloguera con más de 13 millones de seguidores. En solo diez días, el clip alcanzó 31 millones de visualizaciones. Bonya, quien reside en el extranjero pero mantiene su apoyo a Putin, denunció que el mandatario está “mal informado” por su círculo cercano.
La lista de agravios es extensa: la negligencia oficial tras las inundaciones en Daguestán, el sacrificio masivo de ganado en Siberia, las trabas al pequeño comercio y, sobre todo, el “apagón” digital que vive el país. “Hay muchas cosas que usted no sabe”, sentenció Bonya. “La gente está gritando a todo pulmón. Les han robado todo y los negocios están muriendo”.
La repercusión fue tal que el Kremlin se vio obligado a reaccionar. Dmitri Peskov, portavoz de Putin, admitió que el gobierno analizó el video y que “se está trabajando” en los temas planteados, un reconocimiento de vulnerabilidad poco común en la administración rusa.
El fantasma de 1917 y la caída en las encuestas
El descontento no solo proviene de las redes. Guennadi Ziugánov, líder del Partido Comunista y aliado histórico de Putin, lanzó una advertencia incendiaria ante el Parlamento: si no se abordan los problemas sociales, Rusia podría repetir la Revolución de 1917. Estas predicciones de revuelta ya circulan con normalidad en canales de Telegram habitualmente leales al gobierno.
Los datos respaldan este clima de tensión. Según la encuestadora estatal VTsIOM, la aprobación de Putin ha caído al 65,6%, su nivel más bajo desde el inicio de la guerra en Ucrania. Por su parte, el Centro Levada, de carácter independiente, sitúa la popularidad en un 80%, reflejando una erosión constante frente al 85% registrado a finales de 2025.
La “Guerra Digital” y el agotamiento económico
El hartazgo ciudadano tiene dos motores principales:
- Censura en Internet: Los cortes constantes del servicio móvil, justificados por el Kremlin como medidas de seguridad contra drones, son vistos por la población como un paso definitivo hacia el control total. La prohibición de WhatsApp y Telegram, sumada al bloqueo de las VPN y la promoción de Max —una app estatal bajo sospecha de vigilancia—, ha generado protestas y demandas colectivas.
- Estancamiento Económico: Tras el impulso inicial del gasto militar, la economía de guerra muestra signos de agotamiento. Con un PIB que se contrajo un 1,8% a principios de año, altas tasas de interés y falta de reservas, la vida cotidiana se ha vuelto drásticamente más difícil.
Un horizonte sin paz
La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en enero de 2025 despertó esperanzas de un acuerdo de paz rápido en Ucrania. Sin embargo, el estancamiento de las negociaciones ha dejado a la sociedad rusa ante la perspectiva de un conflicto interminable, ahora en su quinto año.
A pesar de todo, el control de Putin sobre el aparato de seguridad permanece intacto y no existe una oposición organizada que pueda capitalizar el descontento. Como concluyen los analistas, el malestar crece lentamente, pero el empoderamiento de figuras públicas para criticar al poder marca el inicio de un camino incierto para el Kremlin.
Agencias

