NotMid 18/04/2026
ESPAÑA
Lula da Silva y Gustavo Petro no decepcionaron a sus incondicionales en su primera jornada en España, convertida en epicentro provisional del pulso geopolítico que sacude a las Américas. “Venezuela es destino de los venezolanos; tenemos que respetar que cuide su destino”, repitió, como si de un dogma de fe se tratara, el presidente brasileño. A sus 80 años y a las puertas de disputar sus séptimas elecciones en octubre, Lula recurrió a la retórica habitual para sostener su complicidad histórica con la revolución bolivariana.
“Si ella [Delcy Rodríguez] quiere convocar elecciones o no, es un problema de ella, de su partido y de su pueblo”, disparó el líder brasileño. Con estas palabras, Lula despachó la crisis como si fuera un capricho personal de la presidenta encargada del gobierno de facto, que hoy cuenta con la protección de Washington. Para el “gran dinosaurio” de la política regional, la legitimidad de Rodríguez es procedimental: “está en el poder porque el presidente cayó; ella era vicepresidenta y asumió”. Sin embargo, su explicación ignora deliberadamente la Constitución venezolana, que limita el interinato a tres meses y exige la convocatoria inmediata de comicios. Más aún, omite que la propia estructura de poder emana del fraude electoral de Nicolás Maduro en 2024, quien se sostuvo en Miraflores “a sangre y fuego”.
Por su parte, Gustavo Petro —en liza con Donald Trump por el dudoso título de mayor emisor continental de fakes— se sumó a la narrativa chavista en una entrevista con RTVE. “Existe un gran temor en el pueblo a que regrese Corina [Machado]”, adujo el mandatario colombiano, asumiendo sin ambages la teoría del régimen. La realidad de las urnas, no obstante, contradice su tesis: hace menos de dos años, la oposición liderada por Machado y Edmundo González obtuvo siete millones de votos frente a los tres millones de Maduro; una brecha que la diáspora de nueve millones de venezolanos solo ensancharía.
El contraste de popularidad es demoledor. Según la última encuesta de Atlas&Bloomberg, la imagen positiva de Machado alcanza el 53%, superando el 48% de Trump y el magro 27% de Delcy Rodríguez.
“Ese mismo miedo tenemos si Colombia vota por la derecha, porque esas derechas no son democráticas”, balbuceó Petro, cuyo candidato, el senador Iván Cepeda, parte como favorito para las próximas elecciones colombianas. Entre malabarismos políticos, Petro propuso ahora un “gobierno de concertación” de dos años y anunció una visita a Caracas tras la fallida cumbre de marzo, a la que la presidenta encargada no asistió “por exceso de temor”. El presidente colombiano, que defendió a Maduro hasta su captura por los Delta Force en Fuerte Tiuna el pasado enero, parece no comprender las reticencias de la mandataria de facto.
Ambos líderes, junto a la mexicana Claudia Sheinbaum, son los invitados estelares de Pedro Sánchez en la “IV Reunión en Defensa de la Democracia”, a pesar del evidente cordón umbilical que los une a las dictaduras regionales. Carmen Beatriz Fernández, consultora en ciberpolítica, explica para EL MUNDO esta inacción: “Llegamos al 3 de enero por la pusilanimidad de Lula y Petro. Su falta de firmeza tras el fraude condujo a una salida inevitable. Creen que demandando una democracia ‘sui generis’ arrinconan a Trump, pero la presión sobre la administración estadounidense y la sociedad venezolana es ya insostenible”.
Mientras la izquierda regional perdía una oportunidad de oro para acercarse a la causa democrática, María Corina Machado sentía el respaldo del Madrid “criollo”. De la mano del PP y las instituciones madrileñas, la Premio Nobel de la Paz desautorizó a José Luis Rodríguez Zapatero como mediador: “Nunca he hablado con él. Desconozco el contenido de sus viajes, pero puedo asegurar que no han sido a favor de la transición democrática”, sentenció en Antena 3.
Machado culminará su agenda hoy con una reunión con 14 partidos de la Plataforma Unitaria. El arco ideológico de esta coalición —que incluye desde la socialdemocracia de Acción Democrática y el centrismo de Voluntad Popular hasta el liberalismo de Vente Venezuela— es la prueba definitiva que desmiente las acusaciones de “ultraderecha” vertidas desde Bogotá y Brasilia.
Agencias
