NotMid 02/05/2026
IberoAmérica
Luiz Inácio Lula da Silva necesita, paradójicamente, a Donald Trump. Al presidente brasileño le urge que el magnate estadounidense vuelva a ensañarse con Brasil, como ocurrió en julio de 2025. Aquella “batalla por la soberanía” revitalizó su figura y le permitió cerrar el año como favorito para las elecciones de octubre. Sin embargo, ese efecto se ha esfumado, y el viento de cara para el veterano líder de izquierdas es cada vez más fuerte.
Lula aspira a repetir el fenómeno de Mark Carney en Canadá: que una ofensa profunda de Washington en vísperas electorales gire los sondeos 180 grados. No es casualidad que el mandatario brasileño haya reunido a su gabinete para ensayar respuestas ante un eventual ataque retórico de Trump. Pero, ¿le hará Trump semejante favor?
El ascenso de la derecha y el “factor salud”
En el Brasil actual, lo inverosímil es norma. El senador Flávio Bolsonaro —hijo del expresidente Jair Bolsonaro, condenado por intento de golpe de Estado— lidera hoy las preferencias para 2027. El electorado parece mostrar síntomas de “fatiga de Lula”, un líder que, de ganar, gobernaría hasta los 85 años.
Esta sombra generacional evoca inevitablemente el recuerdo de Joe Biden. Aunque Lula exhibe una salud robusta tras su operación de 2024, su hiperactividad en redes sociales —donde se le ve levantando pesas— empieza a ser percibida como una sobreactuación. El drama del Partido de los Trabajadores (PT) es la falta de relevo: el partido sigue siendo unipersonal, y cualquier bache en la salud del líder dejaría a la izquierda sin un sustituto confiable.
Un gobierno cercado por el Legislativo
El mal clima en el Palacio del Planalto se ha agravado tras derrotas parlamentarias históricas. El Senado rechazó la nominación de Jorge Messias para el Supremo Tribunal Federal, algo que no ocurría en 132 años. Además, el Congreso ha derribado los vetos de Lula a leyes que reducen penas para los implicados en el asalto a las instituciones de 2023, beneficiando directamente a Bolsonaro.
La reciente janela partidária (ventana de cambios de partido) también ha sido un golpe seco:
- La derecha se consolida: El Partido Liberal de los Bolsonaro creció hasta los 96 diputados.
- El centro-derecha avanza: El PSD ha duplicado su número de gobernadores.
- El PT se estanca: Con solo 67 diputados, la base de Lula se debilita.
Economía, corrupción y nuevos populismos
A pesar de los paquetes de ayudas sociales y las exenciones fiscales, el 80% de los hogares brasileños está endeudado y la inflación repunta. A este escenario se suma el regreso de la sombra de la corrupción: investigaciones que salpican al Supremo y a “Lulinha”, hijo del presidente, ahora residente en España bajo sospecha de malversación en el sistema de pensiones.
Mientras tanto, el tablero de la derecha se diversifica. No solo están los Bolsonaro; surge un “Milei brasileño”, Renán Santos, que atrae a los jóvenes con propuestas radicales, y figuras de mano dura como Romeu Zema que escalan en las encuestas. La desesperación de Lula es tal que ha empezado a adoptar el lenguaje de sus rivales, afirmando que el país está en “guerra” contra la delincuencia, un giro que incomoda a su base pero que revela su urgencia por conectar con una sociedad que ya no parece querer ser “cuidada” por él.
Agencias

