NotMid 08/05/2026
Opinión NotMid
La tragedia de Víctor Quero, secuestrado y desaparecido por la Dgcim, no es un hecho aislado ni un error administrativo; es un crimen de Estado. Quero murió bajo custodia mientras el andamiaje del régimen permanecía intacto: Maduro en Miraflores, Padrino López en Defensa y Tarek William Saab en el Ministerio Público.
Sin embargo, la responsabilidad no termina en las figuras obvias. Delcy Rodríguez, quien recientemente alardeaba de una lealtad inquebrantable “hasta el último minuto”, ejercía la vicepresidencia ejecutiva durante todo el proceso de desaparición. Junto a ella, Diosdado Cabello en Interior y Julio García Zerpa en Prisiones —ambos aún en sus cargos— formaron parte del silencio sistemático. Todos sabían que la señora Carmen Navas buscaba desesperadamente a su hijo, y todos, sin excepción, optaron por prolongar su agonía.
Una ruta de impunidad
La lista de involucrados, directa e indirectamente, dibuja un mapa de horror que conecta puntos neurálgicos del poder:
Miraflores y Carmelitas: El centro de las decisiones políticas.
Boleíta y Fuerte Tiuna: Los centros de detención y tortura.
El Rodeo: El destino final de la opacidad.
La cadena de mando es nítida. El intento de exculpar a los hermanos Rodríguez es una tarea fútil. Si realmente existe un “nuevo momento político”, esta sería su última oportunidad para demostrarlo, aunque la historia nos obliga al escepticismo. Los “hermanos siniestros” llevan décadas operando bajo una lógica de venganza por la muerte de su padre; una muerte que, a diferencia de la de Quero, nunca fue ocultada, fue investigada y tuvo culpables sentenciados.
El doble juego de la responsabilidad
Hay que decirlo con claridad: la muerte de Víctor Quero fue ocultada deliberadamente por Maduro y Delcy Rodríguez, pero también bajo la mirada de los operadores del interinato, tutelado por Washington.
Resulta difícil creer que este hecho escabroso cuente con el aval de la administración Trump o del Secretario de Estado. No obstante, la alternativa es igual de preocupante: admitir que el régimen actúa con total impunidad en Venezuela desmantela la narrativa de peace through strength (paz mediante la fuerza). Lo que vemos hoy no es la fuerza estadounidense imponiendo orden, sino la “paz de los sepulcros” impuesta por un Maduro que resiste y castiga.
La hora de la verdad
Estamos ante un punto de inflexión. Mientras el país espera respuestas, la pregunta es inevitable: ¿Qué pasará con los más de 500 presos políticos que aún se pudren en las mazmorras del régimen? ¿Seguirán Cabello y los Rodríguez sosteniendo la cínica mentira de que en Venezuela ya no hay prisioneros de conciencia? El caso de Víctor Quero es la prueba de que, en la Venezuela actual, el Estado no solo encarcela, sino que borra vidas ante la mirada cómplice de quienes hoy pretenden hablar de normalización.

