NotMid 02/05/2026
USA en español
Tras semanas de deliberación, el presidente Donald Trump ha ordenado reducir la presencia militar estadounidense en Alemania. Aunque en su primer mandato ya intentó una redistribución de fuerzas para pivotar hacia el escenario asiático, la decisión actual tiene un matiz distinto: menos estratégico y más punitivo.
La medida llega como un castigo directo a Berlín, días después de que el canciller Friedrich Merz criticara la operación militar en Irán, calificándola de carente de objetivos claros. La respuesta de la Casa Blanca ha sido quirúrgica y multidimensional. El viernes, Trump anunció una subida de aranceles a vehículos de la UE —golpeando el corazón de la industria alemana— y, poco después, el Pentágono puso cifras al repliegue.
“El secretario de Guerra ha ordenado la retirada de aproximadamente 5.000 tropas de Alemania”, confirmó Sean Parnell, portavoz del Pentágono, quien enmarcó la decisión en una “revisión exhaustiva” que durará entre seis y doce meses.
Sin embargo, fuentes del Pentágono citadas por Reuters han sido más explícitas, tachando la retórica de Merz sobre la supuesta “humillación” de EE. UU. ante los ayatolás como “inapropiada y contraproducente”.
El fin de una era de disuasión
Alemania, con más de 36.000 efectivos, es el centro logístico y médico de Washington en Europa. Desde la Guerra Fría, bases como Ramstein o el hospital de Landstuhl han sido símbolos de la disuasión frente a Moscú y puentes vitales hacia Oriente Medio y África. La retirada no es solo un movimiento de fichas; es una grieta en el corazón de la OTAN.
Allison Hart, portavoz de la Alianza, señaló que están trabajando para “comprender los detalles” del anuncio, aprovechando para recordar que Europa debe asumir una mayor cuota de responsabilidad. Cabe recordar que en la cumbre de La Haya del año pasado, los aliados ya acordaron elevar el gasto en defensa al 5% del PIB.
Ganadores y perdedores del nuevo orden
La decisión de Trump revierte el despliegue de misiles de largo alcance que Joe Biden había reactivado tras el desdén del primer mandato republicano. Ni siquiera el reciente viaje de Merz a Washington, donde intentó mostrar sintonía con Trump evitando defender a otros aliados como España o el Reino Unido, ha servido de escudo frente a la ira presidencial.
Mientras Berlín y Madrid sufren el desgaste de su relación con Washington, países como Rumanía emergen como los nuevos socios predilectos. Bucarest ha mantenido una postura alineada con el Pentágono, posicionándose para recibir las tropas y recursos que Trump decida detraer de los aliados que considera “poco fiables”.
Por ahora, la diplomacia alemana intenta mantener el tipo. El ministro de Exteriores, Johann Wadephul, declaró que esperan que estas decisiones se tomen “con espíritu de confianza entre socios”, aunque la realidad en el terreno parece indicar que, para Trump, la lealtad se mide en obediencia y gasto militar, no en diplomacia tradicional.
Agencias

