NotMid 12/04/2026
ESPAÑA
«La corrupción merma la fe en el Estado de Derecho cuando campa a sus anchas o carece de una respuesta política acorde al daño ocasionado». Con estas palabras, un contundente Pedro Sánchez defendía en mayo de 2018 la moción de censura que lo llevaría a la Moncloa. Aquel día, el líder del PSOE prometió una y otra vez una «regeneración democrática» para España.
Ocho años después, ese discurso de ejemplaridad se enfrenta a su prueba más cruda. Las tres primeras jornadas del juicio en el Tribunal Supremo contra José Luis Ábalos —el hombre que recorrió España en un Peugeot para encumbrar a Sánchez— han caído como un mazazo sobre el Gobierno. La vista oral ha levantado el velo de una presunta trama de degradación instalada en el corazón del Ejecutivo y del partido, operada por su exsecretario de Organización a base de sobornos, prostitución, comisiones en bolsas de plástico y una red de favores personales.
Ábalos afronta una petición fiscal de 24 años de prisión por organización criminal, cohecho y malversación, entre otros delitos. Junto a él, el ya célebre Koldo García (19 años solicitados) y el empresario Víctor de Aldama (7 años) completan el triángulo de una causa que esta semana ha dejado momentos de extrema gravedad en el Salón de Plenos.
El capítulo de las «sobrinas» y las «casitas de novios»

Jésica Rodríguez.. BARBANCHO
La primera semana se centró en los testimonios de las mujeres beneficiadas por la influencia del exministro. Jésica Rodríguez, colocada en las empresas públicas Ineco y Tragsatec entre 2019 y 2021, admitió ante el tribunal que nunca llegó a trabajar: «Simplemente me cambiaron el puesto porque el señor Ábalos lo había gestionado», confesó.
Rodríguez detalló además la existencia de un piso de lujo en la Plaza de España de Madrid, su «casita de novios», cuyos gastos —incluido el alquiler— eran sufragados por la trama. Aunque negó ejercer la prostitución ante las preguntas de la defensa, su testimonio confirmó que «daba igual quién pagara las cosas», pues todo gravitaba en torno a la figura del ministro.
En la misma línea declaró Claudia Montes, ex Miss Asturias +30, colocada en una filial de Renfe. Montes reconoció que, en lugar de estar en su puesto, pasaba las horas laborales en la biblioteca «leyendo sobre trenes» y admitió que, a la luz de las pruebas, Ábalos y Koldo movieron hilos para su contratación.
Coacciones y purgas internas
Para que estos «enchufes» funcionaran, la trama no dudó en purgar a los díscolos. El juicio reveló cómo un director general fue cesado tras intentar expedientar a Montes por absentismo, siendo sustituido por un cargo más «favorable» que incluso le mejoró el contrato. Testigos directos confirmaron que Koldo García llegó a amenazar a directivos de Logirail advirtiendo que, si no se trataba bien a la protegida del ministro, «rodarían cabezas». La amenaza se cumplió.

Claudia Montes. J. BARBANCHO
La sombra del rescate a Air Europa
Uno de los puntos más explosivos llegó con la declaración de Leonor González Pano, expareja de Víctor de Aldama. Según su testimonio, el dueño de Air Europa, Juan José Hidalgo, habría pagado una comisión de 500.000 euros tras recibir el rescate estatal de 475 millones en 2020. Como contraprestación directa, la fiscalía sostiene que la trama pagó a Ábalos una estancia de lujo en un chalé de Marbella durante aquel verano.
El misterio de las bolsas en Ferraz
Finalmente, el juicio ha puesto el foco en la sede nacional del PSOE. Joseba García, hermano de Koldo, admitió haber acudido a Ferraz en dos ocasiones para recoger sobres con dinero en efectivo que, supuestamente, eran reembolsos de gastos del partido.
Mucho más inquietante fue el relato de la empresaria Carmen Pano, quien describió dos entregas de 45.000 euros cada una en la segunda planta de la sede socialista. El dinero, en billetes de 50 y 100, se entregaba siguiendo un protocolo casi cinematográfico: «En una bolsa de plástico blanca, doblada y metida en una bolsa de papel marrón». Según Pano, este engranaje de favores también sirvió para conseguir licencias de hidrocarburos mediante reuniones en el Ministerio de Industria, a cambio de las cuales «el ministro quería una casa»: el chalé de la Alcaidesa en Cádiz.
Agencias

