NotMid 06/06/2026
IberoAmérica
Hubo un tiempo en que el hantavirus era una referencia remota para Buenos Aires. Los contagios se limitaban a la Patagonia, en zonas aisladas del sur, lejos del pulmón comercial del país. Esa distancia se ha evaporado: el virus, que ya se ha cobrado la vida de tres personas en un crucero, ha dejado de ser una rareza de la cordillera.
Hoy, la geografía del riesgo ha cambiado. El 70% de los casos actuales se concentra en la región central (Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos). Aunque la Patagonia solo registra el 17% de los positivos, su baja densidad poblacional hace que la incidencia por habitante siga siendo alarmantemente superior.
La Cepa Andes: una amenaza singular
A diferencia de otras variantes, la cepa Andes —detectada en Argentina en 1996— posee una característica letal: la transmisión interhumana por vía aérea. Según registros recientes, entre 2013 y lo que va de 2026, el virus ha matado a 198 personas en el país. Este año, la letalidad se ha disparado: los contagios subieron un 17% respecto a la media del último lustro, sumando ya nueve víctimas mortales en 2026.
El Ministerio de Salud sospecha que el aumento en la tasa de mortalidad podría deberse a una subnotificación de casos leves, lo que altera las estadísticas oficiales.
El misterio del crucero MV Hondius
¿Cómo llegó el virus a un crucero que une Ushuaia con las Islas Canarias y que hoy permanece bloqueado frente a Cabo Verde? El gobierno de Tierra del Fuego niega cualquier responsabilidad. Las autoridades locales insisten en que no hay registros históricos del virus en la isla y que el hábitat del ratón “colilargo” se encuentra mucho más al norte.
El infectólogo Hugo Pizzi sostiene que existe un 98% de certeza de que los pasajeros embarcaron durante el período de incubación tras visitar focos turísticos como Bariloche o El Bolsón. “Es casi imposible que el roedor subiera al barco; los sistemas de control de plagas en estas embarcaciones son estrictos”, señaló.
Un brote en medio del choque político
La crisis sanitaria ha chocado de frente con la tensión política. El puerto de Ushuaia, intervenido por el gobierno central en 2025, es hoy un punto de fricción entre el gobernador Gustavo Melella (afín al peronismo) y el presidente Javier Milei. “El gobierno nacional cortó todo contacto; no nos informan de nada”, denunció Melella a EL MUNDO.
A nivel internacional, la situación roza la paradoja. Tras la salida de Argentina de la Organización Mundial de la Salud (OMS) —siguiendo la estela de Donald Trump—, el Ejecutivo de Milei se ha visto forzado a coordinarse con el organismo al encontrarse el buque en aguas internacionales.
Mientras la oposición califica la gestión como un “experimento distópico” y una “vergüenza internacional”, la recién creada ‘Oficina de Respuesta Oficial’ defiende la soberanía sanitaria del país. Aunque Argentina reniega de la OMS, sigue vinculada a la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para obtener insumos y vacunas, una triangulación que le permite mantener la asistencia técnica sin retractarse políticamente de su salida del organismo global.
Agencias

