NotMid 15/05/2026
Opinión NotMid
No terminaba de secarse la tinta de nuestra pasada entrega —donde anticipábamos el fracaso de Padrino López como Ministro de Agricultura— cuando la realidad fronteriza nos dio la razón de la forma más cruenta. El mismo domingo, mientras el nombramiento aún resonaba en los pasillos oficiales, el municipio Jesús María Semprún, en el Zulia, se convertía en el escenario de una nueva masacre.
”Cinco hombres asesinados por grupos irregulares”, reportó con frialdad necesaria el diario El Pitazo. El trasfondo es una guerra abierta: disidencias de las FARC y el ELN disputándose el territorio venezolano ante la mirada impávida del Estado.
La verdadera capitulación de Padrino López no es administrativa, sino operativa. Ocurrió mucho antes de llegar a su nuevo despacho, en el terreno que juró proteger. El testimonio de los productores locales es una bofetada a la retórica oficial: mientras guerrillas y bandas criminales extorsionan fincas y exhiben armas largas frente a las alcabalas, la fuerza pública parece haber optado por la omisión.
Surge entonces una pregunta inevitable: ¿Qué podrá decir el “nuevo” Ministro de Agricultura sobre la incapacidad del “eterno” Ministro de Defensa para imponer el orden? Si no hubo voluntad para combatir a los grupos irregulares que azotan el campo, ¿cómo pretenden ahora sembrar progreso sobre un territorio cedido al crimen?
La conclusión es una sentencia lógica: quien como Ministro de Defensa fue incapaz de salvaguardar la soberanía territorial, jamás podrá cosechar la soberanía alimentaria.

