NotMid 16/05/2026
IberoAmérica
La imagen ya es historia viva de las siete décadas de conflicto entre Washington y la revolución cubana: John Ratcliffe, director de la CIA —la misma agencia que intentó eliminar a Fidel Castro en decenas de ocasiones—, cuadrado de forma marcial frente al general de brigada Ramón Romero Curbelo, jefe de Inteligencia del Minint y uno de los rostros de la represión contra el pueblo cubano.
La fotografía fue distribuida por la propia CIA el viernes, horas después de que trascendiera el sorpresivo viaje de Ratcliffe a La Habana. El objetivo central de la misión era directo: trasladar a la familia Castro el mensaje de “máxima presión” de la administración de Donald Trump, aunque dejando abierta una vía de escape. Una salida similar a la que Washington ofreció en su día a Nicolás Maduro, y que el líder venezolano despreció entre bailoteos y consignas de “don’t worry, be happy”.
El funcionario estadounidense también se reunió con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias “El Cangrejo”, jefe de escoltas, nieto favorito y mano derecha de Raúl Castro. Desde que la Casa Blanca decidió abrir un canal secreto con el entorno del General de Ejército (de 94 años), “El Cangrejo” se ha convertido en el interlocutor principal. Sobre la mesa se pusieron exigencias tajantes: la salida del poder del presidente Miguel Díaz-Canel, el retiro definitivo del líder histórico de la revolución y la puesta en marcha de “cambios económicos estructurales”.
El calco de la historia tiene un antecedente. Hace once años, en pleno deshielo diplomático, el entonces director de la CIA, John Brennan, voló de incógnito a La Habana para negociar con el todopoderoso Alejandro Castro, hijo del general y jefe de Inteligencia. Aquellas citas fructificaron en acuerdos que el régimen incumplió casi de inmediato; bastó que Barack Obama aterrizara en la isla para que la cúpula comprobase que su carisma resultaba demasiado peligroso para el poder despótico de la dictadura.
“Este viaje sigue el guion de Washington entre protestas, represión y la sombra de una acción militar. Es un mensaje de asfixia diplomática acompañado de la cortesía de avisar que el proceso penal contra Raúl Castro ya ha comenzado”, confirmaron a EL MUNDO fuentes del exilio cubano cercanas al Departamento de Estado.
Poco después, la cadena Fox adelantaba la noticia: el Departamento de Justicia de EE. UU. prepara una acusación formal contra Raúl Castro por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996, cuando comandaba las Fuerzas Armadas. Se trata de una estrategia judicial idéntica a la que se aplicó contra Maduro, por cuya captura se llegó a ofrecer una recompensa de 50 millones de dólares.
“No quiero comentar sobre eso, dejaré que el Departamento de Justicia se pronuncie. Pero ellos son un país en decadencia, así que veremos”, declaró de forma enigmática Trump a su regreso de una visita de Estado a China.
La ofensiva de Washington llega en el peor momento para la isla, sumida en un calvario diario de apagones que en la capital superan las 20 horas consecutivas, con breves “alumbrones” de apenas cuatro horas. El colapso energético ha reactivado las protestas callejeras en varios puntos de La Habana.
Desde que Trump endureció el bloqueo energético tras la caída de Maduro, la crisis eléctrica en Cuba ha alcanzado proporciones históricas. Al desastre energético se suman el colapso del transporte, la escasez crónica de alimentos y medicinas, y el desabastecimiento de servicios básicos en medio de una sequía total: el petróleo enviado por Moscú hace semanas ya se ha agotado. La asfixia es tal que el gobierno de Díaz-Canel ha tenido que aceptar una ayuda humanitaria de 100 millones de dólares ofrecida por el Departamento de Estado. Los fondos serán canalizados a través de la Iglesia Católica, cuyo papel se perfila clave en el proceso de estabilización condicionada que busca Washington.
“Hay que tomarlo con cautela; las señales son ambiguas”, matiza el historiador Armando Chaguaceda. “En un escenario donde los vuelos de espionaje se han multiplicado, la ‘máxima presión’ podría apuntar a una intervención militar como en Venezuela, pero el secretario de Estado, Marco Rubio, también ha insistido mucho —y de forma muy ambigua— en la vía de la asfixia económica”.
Agencias

