NotMid 21/05/2026
USA en español
Las elecciones primarias celebradas en todo Estados Unidos han dejado una conclusión inequívoca: a pesar de la inflación, la subida de los combustibles, los escándalos y la caída de Donald Trump en las encuestas generales, el presidente mantiene un control absoluto sobre el movimiento MAGA y el aparato del Partido Republicano.
La vieja regla de la política dictaba que el éxito no se toca y que los cargos electos que buscan la reelección reciben el respaldo de los suyos. Ya no. Ante la mínima disidencia, Trump impulsa primarias punitivas sin piedad ni estrategia electoral a largo plazo. Casi siempre, sus elegidos ganan y sus enemigos caen. “El respaldo de Trump es el arma más poderosa en la historia de la política”, sentenció entusiasmado el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson.
La caída de Thomas Massie
El caso más evidente ocurrió en el cuarto distrito de Kentucky, en las primarias más caras de la historia del país. El veterano congresista Thomas Massie, un libertario que llegó a Washington en 2012 con el Tea Party, se enfrentó a Ed Gallrein, un ex miembro de los Navy SEAL cuyo único programa electoral era la lealtad ciega al líder.
Massie, opuesto a la guerra en Irán y muy crítico con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, recaudó más de 12 millones de dólares. Sin embargo, su rival, aupado por Trump y el lobby proisraelí, superó los 18 millones; cifras astronómicas para un proceso interno con poco más de 100.000 votantes. Tras perder por diez puntos, Massie bromeó amargamente en su comparecencia:
“Hubiera salido antes, pero tuve que llamar a mi oponente para conceder la victoria y me tomó un rato encontrarlo en Tel Aviv”.
Massie era el único republicano en choque total con el mandatario. El presidente lo desprecia desde que impulsó la resolución para exigir al Departamento de Justicia la publicación de los archivos de Jeffrey Epstein. Massie quiso demostrar que se puede hacer carrera en el partido desafiando a la Casa Blanca, pero fue triturado por una maquinaria que incluyó viajes exprés de Trump a Kentucky y el despliegue de sus ministros para hacer campaña en su contra. Sin el líder, no hay foto.
El fin de la era McConnell
En Kentucky también se despide de la política el senador Mitch McConnell, durante lustros el hombre más poderoso del Congreso. McConnell cometió el error de cálculo de maniobrar para evitar una condena definitiva contra Trump tras el final de su primer mandato, asumiendo que la carrera del magnate estaba acabada. Se equivocó. Trump regresó, lo humilló públicamente y el partido terminó marginándolo. Su reemplazo en el Senado será el favorito de la Casa Blanca, tras forzar la retirada del otro aspirante a cambio de una embajada.
El senador Lindsey Graham, un halcón de Carolina del Sur que llegó a romper con Trump tras el asalto al Capitolio pero volvió rápidamente a sus filas, lo resumió tras la derrota de otro disidente, Bill Cassidy, en Luisiana: “Quienes intenten destruir políticamente a Trump o se interpongan en su agenda, van a perder. Este es el partido de Donald Trump”.
La lealtad por encima de los escándalos
La víspera de los comicios, la atención se centró en las primarias para el Senado por Texas. Trump utilizó sus redes sociales para bendecir al fiscal general del estado, Ken Paxton, y castigar al actual senador, John Cornyn:
“El respetado fiscal general de Texas, Ken Paxton, un patriota que defiende America First y alguien que siempre me ha sido sumamente leal (…), se presenta al Senado. John Cornyn es un buen hombre, pero no me apoyó en los momentos difíciles”.
El criterio de selección es exclusivamente la fidelidad. Paxton arrastra dos décadas de escándalos: un juicio político (impeachment), acusaciones de fraude bursátil, cohecho, acoso laboral y maniobras polémicas para revertir las elecciones de 2020. Aunque su candidatura costará al partido millones de dólares que se restarán de otras contiendas difíciles, Trump priorizó castigar a Cornyn por no haber estado a su lado en los momentos de crisis. “Nunca duden del presidente Trump y de su poder político. Jueguen y verán las consecuencias”, advirtió Steven Cheung, director de comunicaciones de la Casa Blanca.
Venganza en Georgia
Otro escenario de castigo fue Georgia. Trump intentó destruir la carrera de Brad Raffensperger, el secretario de Estado que hace cinco años se negó a “encontrarle 10.000 votos” para revertir los resultados presidenciales. Raffensperger, un conservador tradicional que resistió las presiones de la Casa Blanca, lleva un lustro recibiendo ataques y amenazas de muerte que recientemente obligaron a la intervención de agentes federales.
Un partido blindado ante la opinión pública
La paradoja de este control férreo reside en el desgaste externo. El índice de aprobación general de Trump ha caído al 37%, el nivel más bajo de sus dos mandatos, lastrado por la gestión económica y la declaración de guerra a Irán. Las encuestas sitúan a los demócratas con una ventaja de 11 puntos (50% frente a 39%) en la intención de voto para el Congreso.
Aun así, la última encuesta de The New York Times/Siena refleja que la aprobación de Trump entre los votantes republicanos se mantiene inalterable en un 82%. Intocable entre los suyos, el presidente ha convertido al partido en su propio reflejo.
Agencias

