NotMid 20/05/2926
Opinión NotMid
La extradición de Alex Saab a Estados Unidos y la reciente imputación de José Luis Rodríguez Zapatero por la Audiencia Nacional de España no son hechos aislados; son las réplicas institucionales del sismo geopolítico que comenzó el pasado 3 de enero.
Con Saab en una prisión estadounidense colaborando con la justicia, y con el expresidente español bajo el severo escrutinio de los tribunales de su país, el andamiaje del latrocinio chavista ha sufrido un daño estructural irreversible. Dos de sus pilares más influyentes —el operador financiero de la sombra y el mediador político internacional— ya no están disponibles para sostener el sistema.
Por supuesto, las cúpulas del régimen no abandonarán sus prácticas de la noche a la mañana. Intentarán mutar y seguir operando, pero el esquema hegemónico y autoritario que convirtió al Estado venezolano en el santuario de la delincuencia organizada transnacional ha perdido su blindaje.
La ilusión de la sumisión
En este proceso de demolición controlada existe un riesgo latente: que las células criminales se replieguen a la espera de tiempos mejores. La aparente aquiescencia que hoy muestran figuras como Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello, Jorge Rodríguez o el alto mando de la FANB responde estrictamente a esa lógica de control de daños: ceder lo indispensable para garantizar la supervivencia, conservar las cuotas de poder residuales y resistir.
Si en el Pentágono o en el Departamento de Estado de EE. UU. asumen que el problema venezolano está resuelto solo porque la dirigencia interina acata sus directrices sin chistar, incurren en un error de cálculo histórico.
Para que Venezuela se encarrile de forma sostenible hacia la democracia, la presión diplomática y judicial será insuficiente. Se requerirá un esfuerzo equivalente a lo que en su momento fue el Plan Colombia: una estrategia multidimensional de seguridad, desarrollo y reconstrucción institucional. Esto implica, de manera perentoria:
Reorganización profunda y profesionalización de la Fuerza Armada y los cuerpos policiales.
Combate frontal al narcotráfico, el terrorismo de frontera y la devastación de la minería ilegal.
Saneamiento radical del sistema de administración de justicia.
El “Plan Venezuela”: El camino a la soberanía
La reinstitucionalización del país demandará un “Plan Venezuela” diseñado para revertir décadas de remate del territorio nacional a los peores postores globales. Este rescate tendrá como motor el esfuerzo de los propios venezolanos, pero su apalancamiento dependerá críticamente del respaldo internacional.
Hablamos de una cooperación integral: desde el financiamiento de los organismos multilaterales para la estabilización macroeconómica, pasando por asistencia técnica militar y de inteligencia en suelo venezolano por parte de aliados como Estados Unidos, hasta la capacitación policial por parte de las fuerzas más calificadas del mundo. Reconozcamos la realidad con pragmatismo: solos no podremos recuperar la soberanía; con el apoyo estratégico adecuado, sí.
Este andamiaje es el núcleo de la etapa de recuperación nacional contemplada en el Plan de las 3 Fases. Pero ninguna estrategia, por brillante que sea sobre el papel, será viable si no cuenta con la legitimidad de origen. La solidez de la nueva Venezuela solo se construirá si emana del mandato directo del soberano: el voto popular.

