NotMid 31/08/2026
Estilo de vida
La escena tenía todos los clichés con los que, culturalmente, se inculcó a las mujeres que solo debían ser bellas y esperar a que un hombre viniera a su rescate. Por suerte, hoy la mayoría de las que crecieron viendo aquellos cuentos de Hollywood tienen muy claro que la realidad es muy distinta: el verdadero valor reside en lo que cada una pueda generar, independientemente de la pareja que tenga a su lado. Sin embargo, aquella imagen de Richard Gere llegando en una limusina blanca, con un ramo de rosas rojas y animándose a trepar por la escalera de incendio para rescatar a su amada, quedó grabada en el imaginario colectivo.
La película era Mujer bonita (1990), dirigida por Garry Marshall. Y la dama a ser salvada no era otra que Julia Roberts en el esplendor de su juventud. Él encarnaba al millonario Edward Lewis; ella, a Vivian Ward, una joven que soñaba con dejar atrás su vida en la calle y lo lograba gracias a este apuesto cuarentón que no había podido resistirse a sus encantos. Así, con el tema Oh, Pretty Woman de Roy Orbison como banda sonora, Gere pasó a convertirse en el hombre con el que soñaban personas de todo el mundo.
Han pasado ya varias décadas desde el estreno de aquel filme. El actor, que este 31 de agosto cumple 77 años, ya no es el sex symbol de entonces, pero conserva intacta su capacidad de seducción. Actualmente casado con la publicista española Alejandra Silva —con quien contrajo enlace en 2018—, Richard disfruta de una vida apacible. Lejos quedaron los tiempos en los que la prensa lo catalogaba como el “soltero más codiciado” durante los intervalos entre sus matrimonios con Cindy Crawford (1991-1995) y Carey Lowell (2002-2013). Ahora prefiere pasar la mayor parte de su tiempo junto a su actual esposa, con quien comparte la pasión por el activismo social y ambiental.

Con sus dos hijos en común, Alexander y James, la pareja suele escaparse a refugios costeros reservados para eludir a la prensa. De hecho, por estos días, Gere hizo un alto en el rodaje de Asymmetry —la película de Edward Zwick que filma junto a Diana Silvers— solo para disfrutar de unos días de vacaciones familiares. A esta dinámica se suman Homer, fruto de su segundo matrimonio, y Albert, el hijo del vínculo anterior de Alejandra; todos conviven armónicamente en esta familia que el actor logró consolidar en el otoño de su vida.
Sin lugar a dudas, esta paz personal es uno de los secretos del actor para lucir impecable a pesar del paso del tiempo. Pero hay otro, que predica desde su juventud y que atribuye directamente al budismo: la meditación. Gere la practica desde los 24 años y asegura que es la herramienta que le ha permitido lidiar con la vorágine del éxito y la fama, evitando perder el norte.
“La continuidad de la práctica diaria es algo que quiero y necesito a partes iguales. Es un ejercicio de paciencia y un compromiso con observar tu propia mente. A la mayoría no nos enseñan a hacer eso; simplemente nos relacionamos con el mundo de forma superficial”, señala el fiel seguidor del Dalai Lama sobre su rutina de al menos 45 minutos diarios. Para él, esta disciplina ha sido su salvavidas frente a un medio donde las presiones y los excesos suelen corromper a las personas.
Gigoló americano (1980), Reto al destino (1982), La raíz del miedo (1996), Novia fugitiva (1999), Chicago (2002), ¿Bailamos? (2004) y Mentiras mortales (2012) son solo algunos de los más de 30 éxitos que protagonizó en la gran pantalla. Y, aunque continúa activo y los directores le acercan más de 100 guiones al año, desde hace un tiempo decidió priorizar causas más nobles, como hacer del mundo un lugar mejor.
Desde 1991 encabeza una fundación dedicada a recaudar fondos para la causa tibetana y brindar ayuda humanitaria a pueblos indígenas y personas sin hogar. También apadrina una organización de apoyo a niños con cáncer en un hospital de Madrid. En una ocasión, llegó a subastar su colección de 110 guitarras —valuadas en dos millones de dólares— para destinarlas a tareas solidarias, una decisión que acompañó con una profunda reflexión: “Ser rico antes no es lo mismo que ser rico en la actualidad. Ahora es enfermizo. Con lo que me dieron por mis guitarras pude construir un hospital. Hemos perdido la cabeza”.
En los noventa fue elegido como el “hombre más sexy del mundo”, alcanzó una cima de éxito a la que pocos acceden y protagonizó romances con las mujeres más atractivas del planeta. Sin embargo, Gere nunca se olvidó de aquel niño criado en una familia normal de Filadelfia: el que amaba tocar el piano y la trompeta, el que consiguió una beca deportiva como gimnasta en la Universidad de Massachusetts y el que dejó sus estudios de Filosofía para viajar a Londres a probar suerte como actor.
Tenía todo para perderse en el camino, pero eligió encontrarse a sí mismo. “Si todos pudiésemos parar, respirar y contemplar lo que nos rodea, quizá dejaríamos de enfadarnos por estupideces. Lloraríamos menos, podríamos enamorarnos, cuidarnos y dejar de pisotearnos los unos a los otros”, reflexiona hoy un Richard Gere que sabe perfectamente dónde poner su energía para ser feliz.
Agencias

