NotMid 22/09/2026
Estilo de Vida
Comprender Los Ángeles exige paciencia, pero, una vez que se le toma el pulso, la ciudad acaba resultando adictiva. Con el tiempo, uno se acostumbra a los baches de sus avenidas, a las distancias siderales, a sortear carritos de la compra y tiendas de campaña en las aceras, y a esa horizontalidad infinita que rompe por completo con el molde de la clásica urbe europea. Sin embargo, aquí el sol impone su ley casi a diario, hay proyecciones cinematográficas hasta en los cementerios y la diversidad desborda cualquier expectativa. Las palmeras forman parte del mobiliario urbano, las vallas publicitarias se elevan a la categoría de arte y la desconexión frente al mar es un lujo cotidiano. Con 18 millones de almas, este coloso funciona como un inmenso bazar que invita a buscar constantemente nuevos tesoros.
Aunque carga desde hace décadas con la etiqueta exclusiva de meca del cine, la metrópoli es mucho más. Es el escenario de Raymond Chandler y de las tramas policíacas de James Ellroy; de las calles de Bunker Hill bajo el sol incandescente que retrató John Fante; el lugar donde Octavio Paz meditó sobre la soledad del mexicano desterrado y donde Joan Didion diseccionó con precisión quirúrgica el espejismo californiano. Es también la ciudad del poeta maldito Charles Bukowski en los bares de mala muerte de East Hollywood; de la energía punk de The Masque; de las formas imposibles de titanio firmadas por Frank Gehry y de la icónica Ennis House de Frank Lloyd Wright.

A ello se suma su condición de crisol demográfico: alberga a la segunda comunidad de mexicanos del mundo y es el principal asentamiento fuera de sus fronteras para iraníes, salvadoreños, filipinos, armenios y camboyanos. Cuenta con un Chinatown, un Koreatown, un Filipinotown y el único barrio tailandés oficialmente reconocido en todo el país. En sus calles confluyen más de 220 idiomas y casi la mitad de la población es de origen hispano, de modo que el español no se percibe como una lengua extranjera y es posible pedir en una sola manzana un taco, un banh mi y una pupusa sin cambiar de acera.
La nueva capital global del arte contemporáneo

Los Ángeles atraviesa actualmente la ebullición cultural más intensa de su historia reciente. La apertura encadenada de grandes museos no responde al azar, sino que coincide con la cuenta atrás hacia los Juegos Olímpicos y con un desplazamiento del eje del arte contemporáneo desde Nueva York hacia la costa oeste de EE. UU.
Este mismo año han abierto sus puertas dos gigantes financiados con inversiones millonarias: el renovado LACMA (Los Angeles County Museum of Art) y el Museo Lucas de Arte Narrativo. El primero corona un proyecto de casi dos décadas y 700 millones de dólares para albergar la colección de arte contemporáneo más importante del oeste del país. El prestigioso arquitecto suizo Peter Zumthor ha concebido un edificio de 10.220 metros cuadrados de galerías donde conviven 155.000 obras que abarcan seis milenios de creación, dispuestas en un único nivel sin jerarquías entre culturas o épocas.

El protagonismo parecía indiscutible hasta el aterrizaje de la colosal nave diseñada por Ma Yansong para George Lucas. Este 22 de septiembre abre sus puertas un complejo futurista que reúne más de 1.300 piezas de la colección personal del cineasta repartidas en unas treinta salas temáticas, respaldadas por un fondo superior a 40.000 obras entre arte clásico, cómic y manga, sin olvidar una sección dedicada al universo Star Wars.
Esta ola de aperturas tiene su antecedente inmediato en el Museo de la Academia de Cine, inaugurado en 2021 en el histórico edificio May Company (1939) con una vistosa esfera de cristal y cemento diseñada por Renzo Piano. El centro colmó un vacío histórico: la capital mundial del cine carecía hasta entonces de un museo propio. Estos espacios se suman a instituciones consagradas como el Getty Center, el MOCA y The Broad, enriqueciendo un mapa cultural que se completa con los hitos tradicionales del viajero.
De las huellas de Hollywood a la brisa del Pacífico

Recorrer las 2.800 estrellas de terrazo y latón de Hollywood Boulevard no requiere un orden estricto, pero sí un punto de partida neurálgico: el Teatro Chino de Sid Grauman. Ante su fachada en forma de pagoda, descubrir las huellas de Marilyn Monroe, Clark Gable o Charles Chaplin sigue erizando la piel. El lugar funciona como trampolín para una ruta gastronómica con solera, que incluye paradas ineludibles como el Musso & Frank Grill —el restaurante más antiguo de Hollywood, en pie desde 1919— o el icónico puesto de perritos calientes Pink’s Hot Dogs, abierto en La Brea desde 1939 y famoso por sus interminables colas de turistas y estrellas.
Dominando el horizonte desde las colinas se alza el Observatorio Griffith, cuyo mirador ofrece la estampa más célebre de la ciudad con el Pacífico al fondo en los días despejados, escenario de clásicos como Rebelde sin causa o La La Land. Más al sur, Rodeo Drive propone un paseo por el lujo de Beverly Hills —entre boutiques de alta costura y desfiles de deportivos de alta gama— y frente al hotel Beverly Wilshire, inmortalizado en Pretty Woman.

A apenas un cuarto de hora en coche se alcanza la costa. Ahí aguardan la histórica noria del muelle de madera de Santa Mónica y la tentación de pedalear en bicicleta hasta el animado boardwalk de Venice Beach, donde conviven la esencia culturista, los artistas callejeros y los tenderetes hippies en un viaje que, con la mente abierta, resulta inolvidable.
Agencias

