NotMid 07/05/2026
Editorial NotMid
Si el presidente Trump sugiere que en Miraflores celebran con “bailantas” los nuevos acuerdos petroleros con el mismo “imperio”, tiene razón. Hasta la propia Delcy Rodríguez se dejó ver bailando hace poco; una euforia comprensible cuando se sabe heredera de la mayor tajada del negocio. Sigue así los pasos del clan Maduro-Flores, quienes —según revela una investigación de The New York Times— terminaron por convertir a PDVSA en su patrimonio familiar.
Sin embargo, en la acera de enfrente la realidad es otra. Un país sumido en apagones, desangrado por la migración, con salarios de miseria y hospitales desmantelados, no tiene motivos para festejar.
Mientras las madres de los presos políticos peregrinan por las cárceles buscando respuestas, la palabra “felicidad” suena a insulto.
Por supuesto que los venezolanos anhelan el fin de la tiranía, pero el verdadero festejo popular solo llegará cuando la tarea esté cumplida y se concrete la fase final del plan trazado.
Hasta entonces, la única que baila es Delcy, moviéndose al son que le tocan desde la Casa Blanca. Ya llegará el momento en que el pueblo venezolano sea quien, por fin, eche un pie en libertad.

