NotMid 13/04/2026
OPINIÓN NotMid
La semana inicia con una bocanada de aire fresco para las democracias del mundo: la derrota electoral de Viktor Orbán en Hungría.
A simple vista, Budapest podría parecer un escenario ajeno a nuestra realidad, pero en el ajedrez de la geopolítica actual, los hilos de la autocracia están más conectados de lo que solemos percibir.
El muro de contención de las dictaduras
¿Por qué nos importa Hungría? La respuesta es pragmática. Orbán no solo ha sido el principal aliado de Vladímir Putin dentro de la Unión Europea, sino que en 2024 fue el encargado de bloquear la declaración conjunta de la UE que pretendía condenar el fraude electoral de Nicolás Maduro.
Además, su gestión fue una piedra constante en el zapato para el apoyo frontal a Ucrania. No es casualidad: Ucrania y la oposición venezolana representan hoy los dos frentes más críticos en la defensa del ideal democrático frente al avance de los regímenes autoritarios. Cada vez que un aliado del Kremlin retrocede, el mundo libre respira.
Claridad en la ruta interna
En el plano local, es justo reconocer la nitidez estratégica de la Plataforma Unitaria al sostener su exigencia de elecciones prontas y libres.
Sostener que en Venezuela no existe un liderazgo capaz de superar la gestión de quienes han saqueado al país —esa suerte de estructura que sobrevive incluso tras la salida de figuras clave del esquema— es, en el mejor de los casos, un error de juicio. En el peor, es el discurso de quienes esperan beneficiarse del statu quo o de figuras como Delcy Rodríguez.
La derrota de las autocracias, ya sea en las urnas europeas o mediante la presión interna en nuestra región, es el único camino hacia la reconstrucción.

