NotMid 23/08/2026
Opinión NotMid
La impostura de Elías Jaua es tan elocuente como tardía.
Atacar a Delcy Rodríguez para intentar captar al electorado que la rechaza es una táctica burda; a estas alturas, nadie debería llamarse a engaño.
El ecosistema político que integran Maduro, Delcy, Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello es exactamente el mismo que Chávez diseñó para desmantelar la República civil y anular a la sociedad.
Al salir en defensa de Maduro, Jaua valida el despojo de la soberanía popular.
Fue cómplice directo de la devastación socialista, de la imposición del modelo comunal y del sometimiento geopolítico ante Cuba, Rusia e Irán.
Promovió la asfixia de la propiedad privada mediante expropiaciones y ataques sistemáticos al sector productivo.
En suma, Jaua ayudó a edificar el partido-Estado que hoy pretende criticar: una estructura de ocupación orientada a liquidar la separación de poderes y vaciar el texto constitucional.
El funcionamiento de este engranaje quedó al desnudo con la destitución del diputado Antonio Ecarri de la presidencia del grupo parlamentario venezolano-estadounidense.
¿Su delito? Proponer un proyecto de ley sobre dolarización. Ecarri asumió que su curul en la Asamblea chavista conllevaba fuero y capacidad legislativa real.
Descubrió, por la vía rápida, que ese espacio funciona como una dependencia del PSUV para trámites legislativos, donde la credencial existe solo por concesión de Jorge Rodríguez. Por esta razón, la comunidad internacional —incluyendo a EE. UU.— desconoce la legitimidad de dicho parlamento, al ser el resultado de los arbitrios del CNE encabezado por Elvis Amoroso.
El episodio entre Ecarri y Rodríguez evidencia por qué la sociedad venezolana exige elecciones libres y transparentes.
Un proceso electoral genuino debe permitir la postulación de todas las fuerzas políticas para renovar tanto la presidencia como el poder legislativo, transformando al parlamento en un órgano al servicio de los ciudadanos y no de la estructura legada por el chavismo.
Aun así, la escena dejó un saldo útil: al exhibir la arbitrariedad del poder, se ratifica ante la opinión pública y los sectores acomodaticios que la continuidad del régimen de facto es incompatible con una transición democrática.
Quien hoy destituye a un diputado por una propuesta, mañana altera reglamentos o leyes a conveniencia.
Es la naturaleza misma del modelo.

