NotMid 22/06/2026
Opinión NotMid
Gustavo Petro ya amaga con desconocer el resultado de las elecciones celebradas ayer en Colombia, donde Abelardo de la Espriella se impuso por un estrecho margen sobre Iván Cepeda.
Nada nuevo bajo el sol: es precisamente en los escenarios apretados donde la izquierda radical suele revelar su verdadera naturaleza.
Figuras como Gabriel Boric, Pepe Mujica o el fallecido Tabaré Vázquez han sido las raras excepciones a la regla.
El resto —esa izquierda mañosa y dogmática— no vacila ni un minuto en dinamitar la legitimidad de cualquier resultado electoral que le sea adverso.
¿Por qué ocurre esto?
Porque, a grandes rasgos, la izquierda se autopercibe como la redentora moral de la desigualdad y la injusticia. Para su narrativa, es inconcebible que el pueblo no quiera ser “salvado”. Si un ciudadano vota en contra de su redentor, la explicación psicológica del dogma es simple: o el votante está alienado por el sistema, o hubo trampa.
Es la máxima totalitaria llevada a la práctica: Si la teoría no encaja con la realidad, peor para la realidad.
Por supuesto, también coexisten razones menos ideológicas y mucho más rupestres: el poder es adictivo y los recursos públicos, sumamente tentadores. Pero incluso en el pragmatismo de la corrupción, siempre late de fondo esa profunda arrogancia intelectual.
Cuando uno cree genuinamente en la libertad, aceptar una derrota electoral se vuelve un proceso natural y llevadero; al final del día, cada sociedad es soberana para elegir lo que cree que le conviene. Para el feligrés de izquierda, en cambio, asimilar la alternancia es un trauma intolerable.
Petro, además, carga con el lastre de su complicidad geopolítica. Su incapacidad para fijar una postura nítida y contundente frente al monumental fraude electoral en Venezuela ya anticipaba este comportamiento.
Un demócrata real habría condenado sin ambages el atropello del régimen de Maduro; Petro, en cambio, prefirió el cálculo político y el silencio cómplice.
Aún es muy pronto para saber si el gobierno de De la Espriella traerá la prosperidad que Colombia necesita.
Lo que sí es una certeza, y una bocanada de aire fresco para la región, es el aislamiento de la dictadura venezolana.
Ver a Delcy Rodríguez cada vez más sola, tras quedarse sin el blindaje de Zapatero y ahora sin el oxígeno de Petro, es, sin duda, una excelente noticia.

