NotMid 21/06/2026
Opinión NotMid
Con la breve visita de Dinorah Figuera a Venezuela volvió a quedar expuesto un extraño fenómeno en ciertos fragmentos políticos: el vicio de medir cualquier acción según afecte o no a María Corina Machado, líder indiscutible del país, le guste o no a los zorros y camaleones de siempre.
En lugar de tomar nota del verdadero significado de la decisión del Departamento de Estado —y de la importancia de que, con Figuera y la mesa de negociación, ya se dio la partida para la fase tres del Plan Trump—, a estos intrigantes les dio por celebrar que quien aterrizó en Maiquetía fue Dinorah y no Machado.
Y no hablamos de activistas del régimen, no.
Nos referimos a personajes que se autopromocionan como demócratas y, para más señas, se dicen “de oposición”. ¡Ni Condorito se atrevió a tanto!
Se trata de gente que se llena la boca hablando de elecciones, participación y liderazgos con arraigo popular, pero que en el fondo tiemblan ante la idea de que Machado compita en una elección presidencial, a pesar de que ella encarna, precisamente, el respaldo popular a borbotones.
Hasta ciertos “analistas” se sumaron al jolgorio de ver a Figuera y no a Machado declarando desde el aeropuerto. Mientras tanto Delcy, que sí entiende cómo funciona la geopolítica real, observaba desde una esquina la escena de su siniestro hermano reunido con Dinorah. Seguro pensaba en cómo el “desagradecido” de Marco Rubio les acababa de echar tremenda vaina al abrir, formalmente, la puerta al momento de la transición.
Es verdad: no sabemos cómo saldrá este experimento o si se descarrilará como tantos otros en el pasado. Pero, ojo, el tren ya arrancó, el maquinista está en la Casa Blanca y estamos montados en el vagón; de ahí no nos bajaremos hasta llegar al destino.
En otras ocasiones nos ha ido mal, o no tan bien, a pesar de haber tenido negociadores con mucho temple que resistieron como nadie las presiones y marramucias de personajes infames como Zapatero o el miserable Jorge Rodríguez, siempre ayudados por unas cuantas ratas de alcantarilla infiltradas en nuestras propias filas.
También es un hecho que el triángulo perverso del régimen intentará estirar lo más posible el proceso de reformas —incluyendo el nuevo CNE— para patear hacia adelante el balón de las presidenciales.
De hecho, la reforma del TSJ ya ha consumido tres meses y aún no ve luz. Ni hablar del proceso de amnistía, que lleva seis meses estancado mientras cientos de familias siguen viviendo el dolor de buscar a presos políticos desaparecidos.
Dinorah y su equipo deben tomar nota para que no los sorprendan fuera de base. Estaremos atentos.
Lo que sigue siendo un hecho indiscutible es que el tren ya arrancó. En él vamos todos, incluyendo a María Corina, quien ha demostrado una y otra vez no solo su liderazgo, sino una descomunal perseverancia y habilidad para las carreras de obstáculos.
La terquedad, en medio de estas circunstancias tan borrascosas, es su mejor arma. Y también lo será de todos los venezolanos, que hoy están dispuestos hasta a empujar el tren si hace falta.

