NotMid 25/04/2026
ESTILO DE VIDA
El arranque: El magnate invisible
En enero de 2025, durante la cumbre de archienemigos —y sin embargo vecinos— de Silicon Valley propiciada por la segunda investidura de Donald Trump, un magnate permaneció fuera de foco: Alex Karp. La melena de tirabuzones grises del CEO de Palantir Technologies siempre parece erizada, como si su dueño acabase de tocar una lámpara de plasma o fuera a protagonizar un cameo en Regreso al futuro IV —por supuesto, como becario de Doc Brown—. Aquella noche, mientras Elon Musk (Tesla), Jeff Bezos (Amazon), Mark Zuckerberg (Meta), Sundar Pichai (Google) y Tim Cook (Apple) rodeaban artúricamente al presidente en el Capitolio, Karp no se dejó ver. Hoy, su presencia en el acto sigue siendo un enigma.
El perfil: El gigante de la opacidad
Karp es un rara avis en el sector. No solo por su formación en la Escuela de Fráncfort o su renuncia al smartphone, sino por su alergia al escrutinio público. Su empresa, a diferencia de sus populares colegas, no fabrica dispositivos de consumo ni diseña apps de entretenimiento. Palantir es un gigante del software especializado en el análisis de datos y la vigilancia mediante IA, cuyos contratos —raramente discutidos en público— vinculan a la compañía con la CIA, el ICE y el Ministerio de Defensa israelí. Es, para sus detractores, la multinacional más opaca de la Bahía de San Francisco. Y, desde el pasado sábado, es también la artífice de la última gran conmoción geopolítica del Big Tech.

El nudo: El manifiesto de los 22 puntos
Ese día, Palantir publicó en X un manifiesto filosófico con apariencia de comunicado corporativo. En él, Karp y su asesor legal, Nicholas W. Zaminska, urgen a instaurar en EE. UU. una “república tecnológica”. El documento reclama un giro radical: poner el músculo de Silicon Valley íntegramente al servicio de la maquinaria militar. Proponen, de facto, la integración del valle y el Pentágono en una suerte de autocracia tecnocorporativa. ¿El objetivo? Aplicar un electroshock al “poder duro” estadounidense para ganar la carrera frente a una Unión Europea ensimismada en la regulación y una China burocráticamente ágil y decidida al sorpasso.
La síntesis: Los cinco martillazos
El texto es la destilación tuitera de su ensayo La república tecnológica (Ed. Tenos), éxito de ventas en The New York Times. Sus cinco tesis resuenan como golpes de gong:
- Obligación moral: La élite técnica debe abandonar la “cultura de la complacencia” y volcarse en la defensa nacional.
- Rearme total: Superar los remilgos pacifistas de la posguerra, recuperando el servicio militar obligatorio y rearmando a Alemania y Japón.
- Adiós a la ética: Acelerar la expansión militar sin detenerse en “debates teatrales” sobre seguridad o ética.
- Guerra de código: La disuasión atómica agoniza; el nuevo equilibrio mundial depende de la militarización del software y las armas autónomas.
- Hegemonía occidental: Defender a hierro el modelo de éxito de Occidente pese a sus grietas.

El cierre: De Tolkien al mundo real
El futuro, insiste Palantir, no se decidirá en el entorno naíf de las redes sociales y el té matcha, sino en el frente estratégico donde confluyen los arsenales con IA y el poder descarnado. Es la extensión definitiva del credo trumpista: Make America Great Again… No Matter What.
Palantir debe su nombre a las piedras videntes de Tolkien que permitían observar escenas lejanas en modo incógnito. Con su “república tecnológica”, Karp pretende ir más allá de la observación. Quiere el control. Veremos si el mundo está preparado para que la ficción de la Tierra Media dicte las reglas del Pentágono.
Agencias

