NotMid 25/04/2026
Estilo de Vida
«Soy tu sirviente, no tu esclava». Jane Landers tenía apenas seis años cuando escuchó esa frase. Se la dijo Inés, su cuidadora afrodominicana, mientras la bañaba en la residencia diplomática de Santo Domingo donde el padre de Landers servía como oficial naval estadounidense. La niña no alcanzó a comprender la palabra, pero captó el tono. Años después, asustada por un libro, Jane buscó refugio en la cama de Inés. «¿Y no tienes miedo de que el color se te vaya a imprimir?», le soltó ella. Landers recuerda esos dos instantes como el momento en que la raza dejó de ser un concepto abstracto para convertirse en una experiencia viva.
Décadas más tarde, cuando regresó a la isla para agradecerle aquellas lecciones, descubrió que su madre ni siquiera recordaba el apellido de Inés. «Así era la diplomacia de entonces», cuenta Landers con una sonrisa resignada. «Los empleados pasaban de una familia a otra sin dejar rastro».
Sin embargo, aquella niña terminó convirtiéndose en la historiadora que ha transformado nuestra visión sobre la presencia africana en la América española. Hoy, Jane Landers (Pittsburgh, 1947) es catedrática en la Universidad de Vanderbilt, beca Guggenheim y miembro del Comité de la UNESCO para las Rutas de los Pueblos Esclavizados. Desde Nashville, dirige el Slave Societies Digital Archive, el mayor repositorio digital del mundo sobre sociedades esclavistas, con casi 780.000 documentos que rescatan la memoria de Cuba, Brasil, Colombia o la Florida española.
El santuario del sur Nos encontramos con ella en Madrid, donde participa en las III Jornadas Hispanoamérica, un futuro compartido. Su ponencia aborda una incógnita fascinante: ¿Por qué los africanos defendieron la América española frente al avance británico?
Antes de subir al estrado, Landers despliega la historia que ha vertebrado sus 40 años de carrera: la del primer “ferrocarril subterráneo” de las Américas. A diferencia del célebre corredor de la Guerra Civil estadounidense que iba hacia el norte, este se dirigía hacia el sur. Todo empezó por accidente, mientras investigaba para su doctorado. «Encontré documentos de esclavos que huían de las colonias británicas durante la Revolución norteamericana hacia la Florida española», recuerda. La pregunta fue inevitable: ¿Por qué buscaban refugio en territorio español?
Al rastrear los orígenes de esta migración en el siglo XVII, descubrió una política asombrosa: desde 1687, los esclavos de las plantaciones de Carolina escapaban hacia Florida. En 1693, el rey Carlos II emitió una real cédula que otorgaba la libertad a todo fugitivo de colonias protestantes que se convirtiera al catolicismo. Un siglo antes de que los abolicionistas organizaran rutas hacia Canadá, ya existía este santuario en la Florida católica.

Recreación de Fort Mose a cargo de la Universidad de Florida.
Propiedad frente a humanidad La diferencia entre sistemas era abismal. «Los ingleses consideraban a los negros como propiedad; pura mercancía sin derechos ni familia», explica Landers. En cambio, el sistema español bebía de las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio. Bajo este código de origen romano y medieval, la esclavitud era una condición legal mutable, no una marca racial irreversible.
«He encontrado casos de criminales españoles o alemanes esclavizados», apunta. En el mundo hispánico, un esclavo podía comprar su libertad mediante el peculium (ahorros propios) o recibirla del Estado por méritos.
Además, la Iglesia católica obligaba al bautismo, integrando a los esclavos en la comunidad y generando registros parroquiales. Esos documentos son los que hoy permiten a Landers reconstruir vidas con nombre y apellido. «Los protestantes no iniciaron contacto religioso con los esclavos hasta finales del XVIII. Por eso, sin los archivos católicos, estas historias se habrían perdido».
El capitán Francisco Menéndez Landers no idealiza el sistema; reconoce que España tenía un cálculo estratégico: «¿Quién iba a luchar con más ferocidad contra los ingleses que un esclavo que acababa de escapar de ellos?». España ganaba soldados motivados para defender sus fronteras.
La figura que mejor encarna esta tesis es Francisco Menéndez, un africano nacido en Gambia que huyó de Carolina y llegó a ser capitán de la milicia negra en San Agustín. Lideró el contraataque en la batalla de Bloody Mose en 1740, fue capturado por los británicos, vendido de nuevo como esclavo en las Bahamas, recuperó su libertad y terminó evacuando a toda su comunidad a Cuba cuando Inglaterra tomó Florida. «Lo he seguido documentalmente toda mi carrera. Conozco a su esposa, sus hijos y sus tierras. Es una historia de película».

Conservación de “guerrilla” El archivo de Landers no se construyó en despachos cómodos. Su equipo, apodado con humor como Guerrilla Preservation, ha digitalizado legajos en sótanos húmedos de La Habana o en zonas de conflicto en el Chocó colombiano. En su última misión a Mompox, en 2025, rescataron más de 4.000 páginas de bautismos y matrimonios.
A sus 79 años, Landers ve el futuro con optimismo. El archivo ya tiene sede permanente en la biblioteca de Vanderbilt y es de acceso gratuito. Para España, el mensaje de Landers es claro: frente al modelo anglosajón, el sistema hispánico —pese a sus sombras— ofrecía un marco de derechos que permitía a los más humildes tener voz legal ante un clérigo o un gobernador.
Aquella distinción que Inés le enseñó a la niña Jane en una bañera de Santo Domingo no era un capricho; era el eco de una tradición legal y teológica que, siglos atrás, ya entendía que un sirviente, a diferencia de un esclavo, nunca deja de ser una persona.
Agencias

