Zapatero se ha forrado como ministro plenipotenciario del régimen de Caracas y del Gobierno español
NotMid 22/05/2026
OPINIÓN
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS
Ni un solo dirigente, militante, socio o propagandista, tras asomarse al auto del juez Calama, ha abandonado el PSOE o a alguno de los partidos que orbitan en torno a la nave nodriza de la corrupción, esa mafia de dos familias, zapaterista y sanchista, unidas por su ídolo Bambi Billionaire. En lo que va de una tertulia a las Cortes, titulares y suplentes han dejado de repetir la trola de la portavoz del Gobierno y TVE: que todo nace de una denuncia de Manos Limpias. En 2024, desde Suiza y Francia se pidió ayuda la Fiscalía Anticorrupción al detectar el lavado de dinero robado de las bolsas de comida CLAP para los pobres venezolanos. El miércoles, los rufianes emitieron alguna palabrota, musitaron algún leve suspiro de incomodidad, y volvieron a lo suyo: defender al presunto delincuente por todo lo que no sea su presunto delito. El Pijoaparte de Santako dijo «mierda». Ya tiene escaño seguro por el distrito de Broncano para arreglar lo que llama «las izquierdas españolas», perdidas sin su liderazgo transversal y trans-trash. Belarra, la Niña de la Curva, movió un poco la nariz, como Embrujada, pero nada, y Don Piso Wyoming, estuvo durísimo, dijo que ZP «se ha metido en un jardín». Con ellos, en el del Edén. Hala, todos a «defender la alegría» de la impunidad.
Pablo Iglesias, vicepresidente del Gobierno que robó el dinero para Plus Ultra, emitió un ruidito leve, de bajante garibaldina, quejándose de la Justicia. Les va mejor a sus amigos de la herriko taberna, cierto. Pero no necesitó terminar un folio para ver que lo de Calama no es un auto, es un autobús, enorme, velocísimo, explosivo, que impide presentar a Bambi como un ser inocente y despistado. Es Al Zapaterone.
Lo que con un aluvión de datos, fechas, vídeos y cifras aparece en ese autobús no son mordidas. Es una mandíbula de acero, stalin en ruso, una organización internacional de lavado de dinero cuyo vértice es ZP y, a su lado, Delcy Rodríguez, que cobra porcentajes en todo el mundo ajeno a la democracia por la venta ilegal de petróleo venezolano, oro y activos financieros, con docenas de empresas pantalla de blanqueo de dinero, propio y ajeno.
La sorpresa, nunca rechazo, de las fuerzas vivas de la izquierda muerta ha sido comprobar que Zapatero, que parecía tonto, es el jefe de una mafia enorme que se ha forrado como ministro plenipotenciario del régimen de Caracas y del Gobierno español. La fuerza en uno se la daba el otro. En noviembre, dijo Trump que los cinco jefes del Cártel de los Soles eran Maduro, Delcy, Cabello, Padrino y Zapatero. «¡Qué risa, ha dicho Zetapé!», se burlaban algunos. Y, por una vez, era verdad.

