NotMid 21/05/2026
Editorial NotMid
El país sigue conociendo, a través del desgarrador testimonio de los familiares de los presos políticos, los alcances de la sordidez y el desenfreno del régimen en los ámbitos policial, judicial y penitenciario. Cuando la sociedad empieza a creer que ya nada puede sorprenderla, emerge un nuevo caso que denuncia un ultraje todavía peor que el anterior.
Delcy Rodríguez no parece incomodarse ante tales atrocidades. Ella custodia las llaves de las mazmorras; una lúgubre herencia legada por el exjefe traicionado. Bajo esta lógica, cada día adicional que un preso político pasa tras las rejas es responsabilidad directa de Rodríguez y de su presidencia interina.
Cada jornada de cautiverio representa una nueva oportunidad para que verdugos y torturadores actúen con total impunidad contra la disidencia. Es un día más de peligro inminente; otra ocasión para la muerte.
Al no haber removido a los engranajes responsables de la inhumanidad y el salvajismo en los centros de reclusión, a estas alturas resulta inadmisible aceptar la vieja excusa de que el único culpable es Maduro. La responsabilidad actual es nítida.
Que asuma su barranco.

