NotMid 10/06/2026
Opinión NotMid
Va a costar “Dios y su ayuda” poner orden en el Arco Minero.
Una extensa zona del sur del país vive hoy una dinámica idéntica a la del Salvaje Oeste, donde impera la ley del más fuerte; en este caso, de megabandas criminales. Pero supongamos por un momento que se trata solo de un asunto de fuerza y control territorial, y que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) logra, milagrosamente, imponer la ley.
¿Problema resuelto? Ni por asomo. Para empezar, la FANB es parte central del problema: muchas de las minas fueron adjudicadas a oficiales “enchufados”. De la forma más opaca posible, no solo se cambiaron las reglas de uso de una vasta zona ambientalmente sensible, sino que se repartieron yacimientos como si fueran lotes playeros entre los amigos del régimen.
En el Arco Minero estamos a años luz del escenario ideal, ese donde las fuerzas de seguridad garantizan el orden y la empresa privada explota los recursos bajo estrictos estándares ambientales supervisados por el Estado.
Por el contrario, la realidad roza lo surrealista: quienes deberían dar seguridad actúan como los verdaderos delincuentes, los militares juegan a ser empresarios, y el Estado ni regula la actividad ni protege el ecosistema, porque las instituciones fueron privatizadas en provecho de unos pocos.
Recoger el agua derramada por la irresponsabilidad del chavismo exigirá un esfuerzo descomunal que pondrá a prueba al país. Desde ya se anticipa que el Arco Minero será el mayor foco de tensión entre los estertores del régimen y el Gobierno de los Estados Unidos. En ese territorio, cuadrar el círculo será sencillamente imposible.

